Carriola.Redacción 28.02.24.

Julio Santos Pena
El cuento de nunca acabar es el del establecimiento de los límites entre Marín y Pontevedra y lo que eso significa para la normalidad del Puerto de Marín cuyas empresas se encuentran en el dilema de si son de aquí o si son de allá, teniendo en cuenta una línea caciquil que marcó el Catrastro ¿... y quien será el Catastro?) pero que nunca fue y sospecho y deseo que nunca será reconocida por nadie, al menos por el concello de Marín que es el verdaramente perjudicado por esa salomómica decisión sin fundamento histórico ni justificación razonable.
Se da la circunstancia palmaria de que el Puerto de Marín que transformó la fisonomía geográfica local para mal, aunque reconozco que a cambio es un motor económico para la zona, creció hacia el norte porque nunca quisieron estudiar otra cosa. Y lo hizo SOBRE EL AGUA DEL MAR cuya jurisdicción nunca fue ni lo será de ninguno de los dos ayuntamientos, Marín y Pontevedra, porque el mar, es el mar, agua salada. Pero está claro que la razón de los rellenos efectuados sobre TERRENO DE NADIE, sobre el mar, insisto, se hicieron todos ellos para ampliar el PUERTO DE MARIN con lo que la adscripción de las nuevas tierras (ahora ya no son mar) tendría que hacerse al concello marinense si hubiera, en las esferas que mandan, sentido común.
En cambio, se ha venido jugando con la dichosa línea de división del puerto un poco para aquí y un mucho para allá, con lo que Pontevedra echa sus garras, una vez más, a lo que no es suyo salvo por las decisiones caciquiles de siempre.
Quieren apoyarse en la división que en el aó 1938, con aquella situación que se vivía y a la que no me quiero referir, los caciques del momento hicieron del barrio marinero de Cantodarea y Estribela trazando una línea imaginaria por el centro del callejón Regueiriño hasta la fuente que está a diez metros de la desembocadura del callejón, y de ahí, hasta el faro de Tambo, con lo que rompieron la uniformidad de un barrio apartando a los vecinos que se dan la mano de balcón a balcón, apoderándose de lo que hoy es Estribela de la manera más caciquil que se puede hacer. Claro que la orientación de la línea de la fuente al faro de Tambo podría haber sido de la fuente al campanario de Placeres, por ejemplo, pero no, había que apoderarse del futuro de los posibles rellenos y lo intentaron con la bota militar encima del cuello de los marinenses y con el sentido usurpador que Pontevedra simpre tuvo para apoderarse de lo que no era suyo, en esta parte, y en otras del entorno. Pero el ayuntamiento de Marín NUNCA aceptó ni firmó esa división ni, con toda seguridad la aceptará en el futuro así, por las buenas.
Y con la decisión del Catastro (¿Y quien es el Catastro para esto?) que estableció esa línea imaginaria no reconocida por nadie que recorre y divide la superficie portuaria, muchas de las empresas del puerto sufren un agravio comparativo a la hora de pagar sus impuestos y sus tasas porque, las de una banda, aunque estén a metro y medio de distancia de las de la otra, pagan un pastón más que las de la otra porque los criterios de los concellos son distintos.
Claro que ante esa indefensión hubo dos empresa “Cabomar” (antigua Tradepana), y “Protea”, que le echaron “cullóns” (en catalán, creo, que ya estoy aprendiendo para lo que viene) y ahora el concello de Pontevedra tendrá que devolver lo que cobró de más, lo que no debía haber cobrado, lo que usurpó con el IAE que no le corresponde.

El alcalde Casal (q.e.d.) leyendo el manifiesto de defensa del puerto de Marín
Y claro, supongo que este lío no es más que el comienzo de una nueva ofensiva de Pontevedra para hacerse con la titularidad de gran parte de la superficie portuaria ganada al mar (Pontevedra no ha pinchado ni una farola propia en la zona) y con toda seguridad, la Xunta o la Administración Central intentarán revolver la cosa de nuevo lo que, también estoy seguro, pondrá a los vecinos de Marín en guardia porque, amiguiños si, pero... ya se sabe.
Tengo que recordar aquí y ahora, dos acontecimientos generados por esta situación. Uno, el día en que el pueblo de Marín, bajo un diluvio universal, se manifestó masivamente, con el alcalde del PP, Casal Sánchez a la cabeza, para defender la titularidad del puerto que ya estaba encaminada para dar el vuelco por los caciques de siempre y, la otra, cuando, años después, el acalde socialista Fran Veiga se armó de brocha y pintura negra y borró la ignominiosa línea que Lores, el alcalde de Pontevedra ordenó pintar sobre el suelo de la Plaza do Regueiro, repartiendo el pastel a su manera. Ambas situaciones reflejan claramente el sentido que los marinenses tienen al respecto de este eterno problema que la Xunta no se atreve a zanjar de una vez por todas.

El alcalde socialista Fran Veiga borrando la línea divisoria que pintaron los pontevedreses
Y no me resisto a avisar a la actual alcaldesa y a toda la Corporación marinense de que una vez más y van tropecientas, el peligro se cierne sobre el Puerto, sobre Marín y que, sean del PP, del PSOE o del BNG o de quien sean, como lo hicieron aquella tarde del diluvio, tienen la obligación de no andarse con paños calientes y reflejar, donde sea y como sea, el sentimiento de nuestro pueblo que tiene la sal en los labios, que mira su puerto desde los balcones de las casas y que sufre sus inconveniencias habiendo sacrificado su fisonomía geográfica y quedado sin el rosario de playas que contenía al borde del mar para favorecer la otra economía que, dicho sea de paso, bienvenida sea, pero como debe ser. Los pontevedreses también tienen húmedo sabor en los labios pero el río Lérez no es salado y desde sus balcones no ven un barco de carga si no es de refilón y a siete kilómetros de distancia.

Los marinenses salieron en masa aquella tarde de temporal
Y ahora que empiezan a enseñar la patita desde la capital, María Ramallo, por nombrar a nuestra primera autoridad, tiene que recordar a su propio mentor, Augusto Casal, y la valiente respuesta que dio ante el PP de Santiago, su superioridad política, en aquella tarde de temporal, así como que Manuel Pazos, el “proa” del PSOE ha de hacer lo mismo con el gesto simbólico pero acertado de Fran Veiga que valió para dejar clara la postura marinense y también los del BNG que pueden ver en las fotografías a quienes les precedieron en aquella ocsión.
Gracias a Protea y a Cabomar que han sabido llegar a la justicia soportando las amenazas de multas y denuncias que otros no supieron superar claudicando ante el abuso y la irracionalidad.
Marín está alerta una vez más, que se enteren.