Carriola.Julio Santos Pena 08.03.24.

Hoy empieza una nueva vida para "Mara", para Mara Pérez Hermo, Maestra de toda la vida tras cuarenta y tres años de servicio ininterrumpido en el Colegio Inmaculada. Es un tópico hablar bien de una persona que pasa a la “reserva”, y con frecuencia se publican en los periódicos fotografías de compañeros que celebran el momento de la despedida casi siempre compartiendo un almuerzo o una cena y su posterior fiesta. Siempre hay un componente de reconocimiento, de amistad y de compañerismo cuando esto sucede porque, quien llega a la jubilación después de más o menos años de compartir tarea profesional, merece ese cariño de sus compañeros y compañeras y de sus superiores... casi siempre, quiero decir, que hay para todo.
Pero el caso de Mara Pérez es muy singular, Se trata de una Maestra con todas las letras y la significación que la palabra tiene, con cuarenta y tres años ininterrumpidos en el mismo puesto que la vio entrar allá por el año 1981 y por cuyas aulas pasaron cientos o miles de escolares sobre los que ha derramado su buen hacer magisterio, su dedicación y su influencia educativa. Escolares, durante mucho tiempo solo chicas, porque el colegio Inmaculada en aquellas épocas era únicamente femenino, y chicos y chicas desde hace unos años en que se convirtió en colegio mixto a todos los niveles.
Mara Pérez llegó al colegio aquel otoño del 81 con la inexperiencia por bandera, porque todos los que hicimos un recorrido parecido en nuestra vida profesional, sabemos perfectamente que, por entonces, el enfrentarse a las aulas de cincuenta y tantos alumnos o alumnas, no tenía casi nada que ver con lo que habías aprendido o te habían dicho en la Normal de Magisterio durante tres años de carrera. Y, a sus 21 años de edad, se encontró en el aula que le asignaron con una tarima delante del alumnado de octavo de EGB, a la que se subió cargada de ilusión y de valentía porque, cincuenta y tantos eran cincuenta y tantos, y bien se necesitaba aquel nivel elevado para hacerse ver, oír y escuchar y, a la vez, sentir el pálpito desde la primera a la última fila, allá en el fondo de la clase.
Y Mara se hizo maestra de verdad a partir de aquel momento superando cualquier dificultad que le pudo haber surgido con la dedicación y la experiencia que le proporcionó seguridad y, lo que es más importante, reconocimiento de sus alumnado y de sus superiores y compañeros en el elenco del claustro, pasando con solvencia las etapas de cambios y progresos que ha ido experimentando la Educación que para los nuevos maestros y profesores es “otra cosa” con respecto a cuatro décadas atrás.
Nombrar en Marín a Mara es escuchar de inmediato la respuesta de cualquiera de sus cientos o miles de alumnas y alumnos que estuvieron con ella en el aula y la admiración de no pocos compañeros y compañeras, maestros y profesores del propio colegio, a los que vio llegar y marchar en oleadas porque en los últimos cuarenta y tres años, fue un referente icónico en el centro.
Hace unos días sus compañeros le rindieron un homenaje y, mañana viernes, el alumnado le hará la gran despedida que se merece por tanta dedicación a ellos y a las generaciones anteriores de este emblemático centro educativo marinense. A partir de mañana mismo, Mara Pérez gozará de su merecida jubilación; le costará desprenderse de su naturaleza docente y pasará paulatinamente a disfrutar del descanso profesional tan merecido tras haberlo dado todo por sus alumn@s. Felicidades, Mara.