Carriola.Redacción.12.08.24.
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Retomamos hoy nuestra ventana de recuerdo a personajes marinenses que nos han dejado, seguramente no hace mucho, pero a los que queremos mantener en el vivo recuerdo de los marinenses y para ello volvemos a apoyarnos en los libros de Laureano Mayán Taboada que dejó una larga relación documentada de las vidas de muchos de ellos.
Y hoy traemos a esa ventana el recuerdo al maestro eterno, Don Félix Davila Piñeiro, fallecido a finales de la primera década de los 2.000 pero que dejó una imborrable huella en la sociedad marinense por sus muchos años de dedicación educativa a la misma.
Apunta Lano Mayán el nacimiento de Don Félix en Beluso (Bueu), en diciembre de 1919 y su definitiva llegada a Marín en el año 1935. Hizo sus primeros estudios de bachillerato en la casa particular del profesor evangélico Jonathan y posterior en Pontevedra para finalizarlos en el colegio de “Primitiva”. Eran tiempos del bachiller de siete años terminados los cuales realizó los dos de estudios de Magisterio para obtener el título en 1942.
Su labor docente profesional se inició en la calle Bastarreche, un local de taberna que disponía de un amplio espacio que hacía de comedor. En aquella curiosa “escuela” Don Félix dio sus primeros pasos en su vida docente sin límite de horas y con la eficacia que atrajo hacia su labor a numerosos alumnos por lo que tuvo que buscar un local algo más “serio” que una taberna, trasladándose a la Banda do Río.
Justamente en ese popular barrio marinense conoció a la que fue su esposa desde el año 1945, Pacita Carral y de esta unión matrimonial salieron sus dos hijos, también docentes, Paco y Merche, actualmente jubilados tras haber seguido los pasos profesionales de su padre.
Los planes educativos de aquellos tiempos eran, como muchos podemos recordar, completamente distintos en todos los aspecto a a los actuales. Don Félix fue un innovador dentro de su tarea pues creó sucesivamente varias academias en distintos puntos de la villa, ya que el alumnado aumentaba dada la efectividad de sus enseñanzas, y las carencia educativas eran numerosas a lo que el viejo profesor remedió en lo que le fue posible porque no se limitó a “dar escuela” a numerosos niños sino que preparó a muchos profesionalmente como el caso de patrones de barcos pesqueros y futuros contables que pasaron por sus academias para las que fue buscando sucesivas ubicaciones, Calle Doctor Touriño y Rúa do Sol que fueron las principales y en esta última el colegio “La Milagrosa” por el que pasaron multitud de alumnos de todas las edades. Supo rodearse de buenos profesionales que colaboraban en la tarea de forma remunerada como Pucho Teijeira, Francisco García, José Clavero, Ignacio Caeiro, Jacobo Sanmartín, Ramón Fernández o Javier Fernández durante aquella larga etapa de su iniciativa privada.

Don Félix el día de su homenaje rodeado de dos significados exalumnos
Pero la deriva que iba tomando la función educativa le llevó a buscar mayor seguridad en el Magisterio Nacional y en 1960 ganó, por oposición, la plaza de maestro que le llevó a su primer destino en Santander. Dos años más arde, la Escuela Naval Militar le propone como titular para su escuela en el barrio de San Pedro y retorna a Marín permaneciendo en este destino durante 10 años para pasar, con la concentración de alumnos realizada en 1972, al colegio Sequelo donde se jubiló en 1984.
Pero Don Félix nunca dejó su afición a enseñar y durante unos años continuó junto con otros maestros de la zona impartiendo clases particulares en la academia de la antigua escuela de la banda del Río donde finalizó su tarea vital en la docencia.
La capacidad de trabajo del maestro Davila era tal que, alternativamente a la docencia, buscaba tiempo para colaborar con la sociedad y así ocupó el cargos como el de la Junta Municipal de Enseñanza o concejalías en la corporación municipal en la época de los alcaldes Félix Massó y Raúl Santiago.

Homenaje al maestro Davila poco antes de su fallecimiento
La trayectoria del maestro fue reconocida con aquel simbólico título de “Marinense del Año” con el que se premiaba la labor de personas destacadas en el mundo profesional, cultural o social y aquel año de 1996, muchos alumnos de la práctica totalidad de sus etapas como maestro, algunos de ellos de avanzada edad ya por entonces, le tributaron un cordial homenaje cargado de emoción y agradecimiento al maestro.
Los restos mortales de Don Félix descansan en el cementerio municipal de A Raña en un panteón muy próximo al crucero central del recinto y en la placa de su nicho figura por expreso deseo suyo, la palabra E-DU-CA-CIÓN, de la que siempre dijo que era una de las muy pocas en las que figuran las cinco vocales y concepto que fue el timón de toda su vida.
Carriola trae hoy a esta página el recuerdo del buen maestro recogiendo los datos que Lano Mayán publicó para recuerdo de los vivos y conocimiento de las próximas generaciones que han de ser conscientes de que Marín tuvo personas de gran interés social como el caso del maestro Davila.