Lapetit
The current Bet365 opening offer for new customers is market-leading bet365 mobile app You can get a free bet right now when you open an account.

Los sábados, PENSANDO EN ALTO: ¿Hoy más ecológicos queque ayer?

Carriola. 23.05.26.

julio@carriola.es.

La falsa ecología de usar y tirar

José Iglesias

Hay algo que me hace mucha gracia —o más bien me irrita profundamente— cuando escucho a ciertos gurús modernos hablarnos de ecología, reciclaje, sostenibilidad y economía circular como si acabasen de descubrir el fuego. Incluyo también a esos jóvenes “ eco “ que  cada temporada cambian el fondo de armario porque hay que estar a la última, y peregrinan a tiendas low cost que explotan a millones de personas en Asia.

Porque uno, que ya tiene sesenta añazos y unas cuantas cosas vistas, no puede evitar pensar lo mismo cada vez que oye esos discursos:

“Pero si eso ya lo hacíamos nosotros hace cincuenta años… y muchísimo mejor.”

Resulta que ahora nos explican que devolver envases es ecológico.

¿Ahora?

Queridos amigos, cuando yo era niño, prácticamente todos los refrescos, cervezas, gaseosas y un larguísimo etcétera venían en cristal. Y el envase no se tiraba.

Se devolvía.

Y además te lo abonaban, porque previamente tú lo habías pagado.

Eso sí era economía circular.

Eso sí era reutilizar.

No hacía falta ponerle un nombre en inglés ni organizar una cumbre europea sobre sostenibilidad para entenderlo.

La ropa del hermano mayor pasaba al siguiente.

Y al siguiente.

Y si había que arreglarla, se arreglaba.

Las madres y las abuelas eran auténticas ingenieras textiles. Un pantalón roto salía del taller doméstico convertido en pantalón corto. Una chaqueta duraba años. Y nadie se traumatizaba porque no llevara “la colección otoño-invierno”.

Los zapatos se reparaban.

¡Se reparaban!

Existía una persona maravillosa llamada zapatero. Se gastaba una suela, te ponía otra y el zapato seguía viviendo tranquilamente varios años más.

Claro, también ocurría algo importante:

Los zapatos estaban hechos para durar.

No para romperse exactamente cuando termina la garantía.

Las camisetas de fútbol eran para toda la infancia. Porque los equipos no cambiaban de camiseta cada temporada para vender otra idéntica con dos rayas más y ciento veinte euros menos en tu cuenta bancaria.

Y nadie necesitaba tener siete equipaciones “retro”, “special edition” y “urban collection”.

Con una bastaba.

Y sobraba.

Podríamos seguir  con la bicicleta, los libros del cole, aquellas enciclopedias compradas a plazos que duraban  para siempre. Si acaso te comprabas un tomo para actualizarla  y punto..

Pero claro… entonces llegó el gran negocio.

Nos rodearon de normas, campañas y discursos supuestamente ecológicos mientras nos empujaban exactamente hacia lo contrario:

Consumir más.

Comprar más.

Tirar más.

Renovar más.

Ahora todo tiene que ser rápido, ligero, inmediato y reemplazable.

La ropa dura dos lavados.

Los electrodomésticos parecen diseñados por un relojero suicida para estropearse justo cuando dejan de tener garantía.

Los móviles envejecen más rápido que los yogures.

Y mientras tanto, te venden una botella de plástico diciéndote que ese plástico contamina quinientos años.

Pero tranquilo.

Luego la tiras al contenedor amarillo y ya eres oficialmente Capitán Planeta.

Y aquí llega la gran ironía.

Resulta que muchas de las cosas que tiras terminan convertidas en “producto recuperado” que otra empresa vuelve a venderte dentro de su maravillosa filosofía de economía circular.

Es decir:

Te venden el producto.

Te empujan a tirarlo.

Te hacen sentir culpable si no reciclas.

Y después vuelven a vendértelo reciclado.

Un negocio perfecto.

Y lo más fascinante es que encima hay gente que se siente moralmente superior por participar en este teatro.

Cuando nuestros padres y abuelos practicaban una ecología infinitamente más eficaz sin dar lecciones a nadie.

Porque no era postureo.

Era necesidad.

Y también sentido común.

La verdadera sostenibilidad no consiste en poner más contenedores de colores.

Consiste en fabricar cosas que duren.

En reparar.

En reutilizar.

En consumir menos.

Pero claro… eso tiene un problema enorme:

Que si las cosas duran, alguien gana menos dinero.

Y ahí, amigos, se acaba de golpe todo el romanticismo ecológico.

Así que a veces uno no sabe si vivimos en una sociedad moderna…

o en una gigantesca tomadura de pelo envuelta en cartón reciclado.

Porque cuanto más nos hablan de sostenibilidad…

más basura generamos.

Y cuanto más ecológicos dicen que somos…

más consumimos.

Y entonces surge la pregunta final.

Una muy sencilla.

¿De verdad somos más ecológicos…

o simplemente más manipulables?.

 

roslev