Carriola.07.06.26
(*) Colaboración dominical de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por su vicepresidente José Carlos Otero López
LOS DIAS DE LA PAU
Dolores Armas
Lic. en Psicopedagogía
Las semanas de la PAU (antigua Selectividad) tiene un ambiente muy particular. Se nota en los institutos, en las cafeterías llenas de apuntes y también en muchas casas donde, durante unos días, parece que todo gira alrededor de unos exámenes. Hay adolescentes que llegan repasando en el coche, otros apenas hablan durante el desayuno y algunos salen de casa con la sensación de que llevan meses preparándose para esas pocas horas. Aunque cada estudiante lo vive de una manera distinta, durante esos días muchos jóvenes funcionan desde una mezcla constante de cansancio, nervios y necesidad de control. Algunos necesitan repasar hasta el último minuto porque sienten que si paran olvidarán algo importante y otros hacen exactamente lo contrario y ya no son capaces de abrir un apunte más porque la cabeza simplemente no les da. Por ello debemos ser muy flexibles y entender que cada alumno necesita ser respetado en cuanto a su forma de estudiar y vive estos día.
Debemos aceptar que aparecen pequeños cambios que las familias suelen reconocer enseguida. Chicos y chicas que duermen peor, que tienen menos paciencia, que contestan de manera más seca o que empiezan a decir varias veces al día que no se acuerdan de nada aunque lleven meses estudiando. Hay adolescentes que llegan a casa después de un examen y se encierran directamente en la habitación para corregir respuestas con el móvil delante, mientras otros necesitan hacer como si el examen no hubiera existido y hablar de cualquier otra cosa. Y en medio de todo esto, a veces el cuerpo también se expresa con sensaciones de cansancio o ansiedad. Hay estudiantes que durante esos días tienen dolor de estómago, sensación de ahogo, náuseas o dificultad para dormir la noche anterior a una prueba importante. Otros notan que la cabeza se les queda en blanco en preguntas que realmente saben responder. A veces incluso se asustan porque sienten que están más bloqueados precisamente en el momento en el que más preparados deberían estar.
Por eso, durante la PAU no solo importa lo que un adolescente sabe. También influye muchísimo cómo llega física y mentalmente a esos días. Pero muchos chicos y chicas viven los descansos como una pérdida de tiempo. Les cuesta parar a comer tranquilos, dar un paseo o dormir las horas necesarias porque sienten que deberían estar aprovechando cada minuto. Hay estudiantes que cenan mirando resúmenes, que se llevan apuntes al baño o que se despiertan durante la noche pensando en fórmulas, comentarios de texto o fechas concretas. Y ahí las familias pueden ayudar mucho más de lo que imaginan.
A veces tiene más valor insistir en que un hijo duerma unas horas más que repetirle continuamente que estudie. También ayuda bajar un poco el ritmo de la casa durante esos días, evitar discusiones innecesarias o entender que determinadas reacciones no tienen tanto que ver con mala actitud como con acumulación de tensión y cansancio. Es cierto que muchos padres viven la PAUcasi con la misma intensidad que sus hijos. Puede pasar que algunos apenas duerman la noche anterior al primer examen, otros esperan impacientes el mensaje al salir de cada prueba mirando constantemente el teléfono. Y aunque muchas se veces intentan tranquilizar, también les cuesta gestionar sus propios nervios porque sienten miedo a que su hijo se bloquee, no llegue a la nota que necesita o sufra demasiado durante esos días.
Por eso, sin darse cuenta, algunas familias acaban convirtiendo cada conversación en un interrogatorio. “¿Qué tal salió?”, “¿Cuánto crees que sacas?”, “¿Qué dijo el resto de la clase?”. Y hay adolescentes que en ese momento no necesitan hablar del examen. Necesitan simplemente llegar a casa, comer tranquilos o notar durante un rato que el mundo sigue funcionando con normalidad.
También conviene recordar algo importante. Durante la PAU, muchos jóvenes sienten que no pueden venirse abajo porque todavía quedan más exámenes por delante. Así que continúan funcionando aunque estén agotados. Van enlazando una prueba con otra, durmiendo menos de lo habitual y viviendo durante varios días con la sensación de no poder relajarse del todo. Algunos incluso salen de un examen pensando ya en el siguiente mientras comen algo rápido o repasan apuntes sentados en el suelo de un pasillo. Y aunque desde fuera puedan parecer simplemente nervios normales, muchos adolescentes viven esos días con una tensión bastante constante. Por eso, pequeños gestos que en otro momento pasarían desapercibidos durante la PAU adquieren muchísimo valor. Porque hay algo que suele marcar bastante la diferencia en esos días. La sensación de sentirse acompañado sin sentirse presionado.
Hay adolescentes que recuerdan años después detalles muy pequeños. Que su madre les dejara el desayuno preparado aunque tuviera que salir temprano. Que alguien les escribiera simplemente “cuando acabes descansa un poco” en lugar de preguntar qué tal salió el examen nada más terminar. Que su padre les dijera al bajar del coche “hazlo tranquilo” en vez de recordarles continuamente la nota que necesitaban. También recuerdan mucho cómo era el ambiente al volver a casa. Poder sentarse a comer sin hablar constantemente de exámenes, notar cierta normalidad alrededor o sentir que podían estar cansados, callados o irritables sin que todo acabara convirtiéndose en otro momento de presión. A veces incluso tiene muchísimo valor que durante unas horas nadie les pregunte cuánto creen que van a sacar.
Porque durante esos días muchos adolescentes sienten que están siendo evaluados continuamente. Y llegar a un lugar donde no tengan que seguir demostrando nada, aunque solo sea por una tarde, puede ayudar mucho más de lo que parece.