Carriola.Manuel Pazos Lamoso (*).20.06.26
El presupuesto municipal hace de termómetro de nuestra situación y reflejan una realidad preocupante. A pesar de mantenerse los tipos impositivos, disminuye la previsión de ingresos en varios de los principales tributos y tasas municipales. Se reducen las previsiones de recaudación en conceptos tan relevantes como el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE), el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), el impuesto de vehículos, las tasas de abastecimiento de agua o las plusvalías.
Este dato porque desmonta cualquier intento del gobierno de María Ramallo de presentar el presupuesto como un síntoma de fortaleza económica. Si los impuestos municipales siguen siendo los mismos pero la recaudación prevista es menor, la conclusión es evidente: hay menos contribuyentes, menos actividad económica, menos movimiento empresarial y menos capacidad de generar ingresos en el municipio.
El proyecto de Presupuestos Municipales para 2026 asciende a 18.528.000 euros, convirtiéndose en el más elevado de la historia de Marín. Sin embargo, detrás de esta cifra récord no existe una mejora de la economía local ni una mayor capacidad financiera del Concello. La realidad es bien distinta: el aumento del presupuesto se explica fundamentalmente por el incremento de las transferencias procedentes del Estado, una circunstancia que beneficia a todos los municipios y que vuelve a poner de manifiesto la creciente dependencia financiera de Marín respecto a otras administraciones.
Las entregas del Estado aumentan en 535.000 euros respecto a 2025, lo que supone un incremento cercano al 8%. Estas aportaciones representan ya alrededor del 40% de todos los ingresos municipales. En consecuencia, el presupuesto de 2026 no es fruto de una mayor actividad económica, de la llegada de nuevas inversiones o de un incremento de la capacidad recaudatoria del Concello, sino de una decisión adoptada fuera de Marín.
De hecho, las propias cuentas municipales reflejan una realidad preocupante. A pesar de mantenerse los tipos impositivos, disminuye la previsión de ingresos en varios de los principales tributos y tasas municipales. Se reducen las previsiones de recaudación en conceptos tan relevantes como el Impuesto sobre Actividades Económicas (IAE), el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), el impuesto de vehículos, las tasas de abastecimiento de agua o las plusvalías.
Este dato es especialmente significativo porque desmonta cualquier intento de presentar el presupuesto como un síntoma de fortaleza económica. Si los impuestos siguen siendo los mismos pero la recaudación prevista es menor, la conclusión es evidente: hay menos actividad económica, menos movimiento empresarial y menos capacidad de generar ingresos en el municipio.
La reducción de la recaudación prevista en los tributos vinculados a la actividad económica y al crecimiento urbano es el reflejo directo de una realidad que los vecinos perciben desde hace años: la pérdida de dinamismo comercial, el envejecimiento demográfico y la falta de capacidad para atraer nuevos residentes, empresas e inversiones. En definitiva, la parálisis de Marín también se refleja en sus cuentas públicas.
Además, estas cifras ponen de relieve un problema estructural cada vez más grave: la falta de autonomía económica del Concello. Cuando el crecimiento del presupuesto depende fundamentalmente de las transferencias estatales y no de la capacidad propia para generar actividad y riqueza, la capacidad de decisión municipal queda seriamente limitada.
Esta dependencia obliga además a condicionar buena parte de las inversiones a convocatorias de ayudas y subvenciones procedentes de otras administraciones. En lugar de planificar una estrategia propia de transformación para Marín, el Gobierno municipal se ve obligado a adaptar sus proyectos a los criterios marcados desde fuera. El resultado son inversiones muchas veces fragmentadas, oportunistas y alejadas de una planificación integral basada en las necesidades reales del municipio.
Lejos de representar un cambio de rumbo, el presupuesto de 2026 consolida un modelo agotado. Se trata de unas cuentas continuistas, sin medidas capaces de revertir el estancamiento económico y demográfico que sufre Marín y sin una estrategia clara para aumentar la actividad, atraer inversión o fortalecer la autonomía financiera municipal.
Marín necesita un proyecto ambicioso que recupere población, genere actividad económica, fortalezca el comercio local y aumente la capacidad financiera propia del Concello. Sin embargo, las cuentas para 2026 vuelven a reflejar exactamente lo contrario: más dependencia, menos dinamismo y la continuidad de un gobierno agotado que se ha convertido en un lastre para el futuro del municipio.
(*) Manuel Pazos Lamoso portavoz del grupo municipal socialista