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CARRIOLA DE OPINIÓN: Corazón marinero

Carriola.18.07.26.

julio@carriola.es.

La Virgen del Carmen y su Cofradía de mariner@s

 

J.S.P.

Yo vi correr una lágrima por el rostro de un veterano marinero que el pasado jueves portaba con orgullo y con sentimiento, entre muchos compañeros, la imagen de la Virgen del Carmen en la procesión que llevó a la Patrona del Mar por las calles y por la ría de mi pueblo, como lo hace cada año, acompañada de ese sentimiento de fervor, de gratitud y de esperanza que sienten las gentes que han trabajado o tienen a alguien propio sobre la inestabilidad de las saladas aguas en cualquier mar del mundo,

Más de treinta hombres y varias mujeres con camisa blanca, pantalón azul, escapulario al pecho y rostro serio llevaban con orgullo la Imagen que, sobre el anda de toda la vida, parecía observar a todos ellos y a los cientos de personas que acompañaban la comitiva o presenciaban el paso del emocionado grupo de viejos y menos viejos lobos de mar, recios marineros que se enfrentan o se enfrentaron a lo largo de su vida a un trabajo para el que hay que tener más agallas que las de los peces que pescan, soportando sobre sus hombros el divino peso de la Virgen del Carmen con la sensación, desde fuera,  de que iban “colgados” de ella con orgullo y sentimiento.

Muchos de aquellos hombres tienen la edad evidente para haber vivido la transformación del oficio de marineros de altura. Algunos tienen presente todavía cómo remaban en pequeñas embarcaciones con sus padres o hermanos mayores para faenar en medio de la ría, y nos ponemos en tan solo hace seis o siete décadas. Muchos de ellos dieron el salto a aquellos barcos de madera a carbón o a fuel donde tras el continuo y laborioso trabajo entre virada y virada, comían la caldeirada de turno en una fuente para todos en plena cubierta a expensas de vientos y olas; hacían sus necesidades por la borda en un ejercicio de equilibrio propio de cualquier salto mortal, o dormían en los catres inmundos, casi siempre al lado de ratas, chinches y cucarachas,  a los que se colaban por escotillas  para caer en su propio colchón de “follato de millo” que casi siempre eran de su propiedad y les acompañaban en los cambios de barco que frecuentemente hacían.

Seguramente, agarrados durante la procesión al anda de la Virgen recordaron episodios de pura angustia, tormentas y naufragios en los que, fácilmente, perdieron compañeros de tripulación, y sintieron la necesidad de agradecer a la Virgen por su suerte y rogar por quienes se han ido quedando en el mar, que siempre cobra en vidas humanas el tributo por lo que nos da incesantemente desde siempre.

Los marineros de hoy, sin restarles ni un ápice a su dedicación, a su sacrificio y a su vida de ausencia que les impide disfrutar de su cósmico derecho a ver crecer a sus hijos, saben que cuarenta años atrás las cosas eran enormemente peores desde cualquier punto de vista que se quiera observar el fenómeno del progreso de este oficio.

Foto Moncho Omil

Todos los años se repite el cuadro: Pascual, el “patrón” de esta cofradía convoca a los marineros que responden al unísono con su presencia y su colaboración, escapulario al pecho, y cargando con levedad la pesada imagen del Carmen sobre el anda por las calles hasta sentir la emoción especial de verla embarcar, este año en el “Nuevo San Cibrán”, para hacer un paseo por la ría antes de retornar a su altar en el templo, previo el “baile” que le hacen en el atrio parroquial al ritmo de la Salve Marinera que sale de las gargantas de cientos de personas que se suman a la emoción que ellos sienten.

Yo vi a un viejo marinero con una lágrima de emoción bajo la Virgen del Carmen y he sentido de nuevo el palpitar al unísono de sus corazones cuando una cascada de pétalos cayó sobre la imagen en el momento de su despedida, y respondían a los gritos del ¡¡¡Viva la Virgen del Carmen!!! que se repetían en aquel emotivo momento.

El “patrón” Pascual ya prepara su “tripulación” para el próximo año y volverá la misma emoción de siempre. Que así sea.

roslev