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Fernando Castro se jubila tras 35 años de trabajo en el cemenerio municipal de Marín

Carriola.Redacción.25.08.26 

A sus 65 años, el funcionario municipal que ejerció como enterrador municipal, Fernando Castro, cierra una trayectoria en la que calcula haber dado sepultura a unas 10.500 personas, siempre desde la discreción y el respeto hacia quienes acababan de perder a un ser querido. La María Ramallo le recibió en el despacho de la alcaldía para agradecerle los servicios prestados y desearle una feliz “nueva vida”

Hay trabajos que transcurren casi siempre lejos de los focos y que, sin embargo, forman parte de la vida de todo un pueblo. El de Fernando Castro es uno de ellos. A sus 65 años llega el momento de la jubilación después de 35 años como enterrador en el municipio de Marín, tres décadas y media en las que su oficio le llevó a estar presente en uno de los instantes más delicados para cualquier familia.

Por el cementerio ha visto pasar a varias generaciones de marinenses fallecidos y a miles de personas que acudían a decir adiós a padres, madres, hijos, hermanos, abuelos, amigos o compañeros. Una realidad cotidiana para quien debía desempeñar allí su trabajo, pero nunca rutinaria en la forma de tratar a quienes llegaban golpeados por una pérdida.

Esa es precisamente una de las cosas que Fernando quiere destacar al poner punto final a su trayectoria profesional. Asegura que siempre procuró desempeñar su labor con el máximo respeto hacia las familias, especialmente consciente de que muchas de las situaciones que presenció eran extraordinariamente difíciles para quienes las estaban viviendo.

«Siempre intenté hacer mi trabajo con el máximo respeto a las familias, porque estás con ellas en momentos que a veces son muy difíciles para todos», señala ahora, al hacer balance de una profesión en la que la discreción y el saber estar han sido parte fundamental del día a día. 

Alrededor de 10.500 entierros y más de tres décadas

Fernando calcula que durante su etapa profesional se realizaron aproximadamente 300 entierros cada año lo que hace que, a sus 35 años de servicio, la cifra se acerque a las 10.500 personas.

El número permite hacerse una idea de la dimensión de su trayectoria, aunque difícilmente refleja todo lo vivido. Cada entierro era diferente porque detrás había una persona y, junto a ella, familiares y amigos con su propia historia. Su cometido obligaba a desenvolverse con naturalidad en un entorno donde cualquier gesto, cualquier palabra y hasta la manera de permanecer en silencio podían tener importancia.

Con el paso de los años, Fernando aprendió también que una parte esencial de su profesión consistía precisamente en saber ocupar un segundo plano: cumplir con su responsabilidad, procurar que todo estuviese preparado y permitir después que el protagonismo perteneciese exclusivamente a quienes acudían al cementerio. 

Una paleta comprada de su propio bolsillo

Entre los recuerdos de sus comienzos hay uno que ilustra especialmente bien cuánto han cambiado los servicios municipales desde entonces. Cuando empezó a trabajar, Fernando tuvo que comprar de su propio bolsillo su primera paleta porque no disponía de ella para realizar su labor.

La anécdota pertenece a una época muy diferente. Los ayuntamientos contaban entonces con menos medios materiales y económicos y estaban lejos de disponer de las capacidades que hoy tiene una administración como el Concello de Marín. Ha podido contemplar esa evolución desde dentro: desde aquellos primeros años de herramientas mucho más modestas hasta la progresiva modernización de los recursos destinados a los servicios municipales. 

Aquella primera paleta permanece así en su memoria como algo más que una herramienta. Es también una pequeña fotografía de cómo era el trabajo hace 35 años y de todo lo que ha cambiado desde entonces.

El final de una larga etapa

La jubilación abre ahora una vida diferente para alguien acostumbrado durante más de tres décadas a un trabajo con unas características muy particulares. Atrás deja horarios, herramientas y obligaciones, pero también un lugar al que ha estado estrechamente vinculado durante buena parte de su vida y lo hace con la tranquilidad de haber intentado mantener durante todos estos años una misma forma de comportarse ante una responsabilidad especialmente sensible: profesionalidad cuando había que trabajar, discreción cuando correspondía apartarse y respeto siempre.

A suss 65 años, este ejemplar funcionario cierra los 35 de servicio. Miles de marinenses se han cruzado con él probablemente en días que preferirían no haber vivido y quizá precisamente por eso su trabajo ha pasado muchas veces inadvertido. Es la naturaleza de un oficio que no busca protagonismo.

Fernando se jubila ahora de la misma manera en que ha procurado trabajar durante toda su vida: con discreción, después de haber acompañado desde su puesto a varias generaciones de familias de Marín cuando más necesitaban respeto y humanidad.

 

roslev