Carriola.J.S.P.04.10.26
julio@carriola.es
Después de más de un mes de mi visita al Centro de Salud de Marín y tras haberme sometido a las pruebas que mi doctora encargó para saber cómo está la cosa, vuelvo a la consulta. Por fortuna, parece que no hay problema.
Ya saben, abajo, en la puerta, hay que meter la tarjeta en un aparato que no funciona. Hay tres, el de dentro sí, por suerte, y de allí sale un pepelito con números de lo que será la atención arriba, en la consulta.
Y subo, como siempre, igual que conté el otro día aquí mismo, en Carriola. Segunda planta, todas las sillas ocupadas y gente en silencio, o susurrando, que te ven pasar mientras procuras no cojear para que no se note. Y vas a parar allá, al fondo, donde, o hay una silla sin ocupar, o te conformas con estar de pie hasta que alguien sea llamado a consulta y libere su asiento.
Miras para el papelito que te indica la puerta a la que deberás ir y una combinación de letras y números para cuando salga en la pantalla que será tu momento. Y esperas
Te toca esperar todo lo que la doctora se demore en la necesaria atención a quien te precede. Paciencia. Sacas el móvil y te entretienes viendo cosas hasta que suena la “rana” de la pantallita. Levantas la vista y...¡oh puñetas! La pantalla que tienes en primer lugar está averiada. Corre, corre, a la segunda a ver si es tu número. Pues no!; no lo es. Vuelta a tu silla, allá al fondo, si no te la han ocupado mientras hacías la excursión por el pasillo. Otra vez el móvil, y otra vez suena la “rana”. Vuelta a correr...tampoco!, pues echas una mirada a ver si hay alguna silla cerca de la pantalla que funciona pero no, todo ocupado. De nuevo al extremo y, antes de que te sientes, vuelve a sonar “la rana”. Corre corre otra vez...Tampoco!. Nuevo paseo.
Y así dos horas y media hasta que por fin, en el último sprint, aparece tu referencia y la puerta por donde has de entrar. A todo esto, la doctora, consciente del problema, ya está asomada a la puerta porque sabe que estás esperando. Le explicas que estás agotado de ir de la Ceca a la Meca y lo comprende. No eres tú solo el que sufres la situación y ella es consciente, pero no responsable.
La película, cómica de por sí, con el corre que te corre de la silla a la pantalla que funciona, no tendría mucha importancia si no fuera porque esta situación lleva meses y más meses sin que nadie arregle la dichosa pantalla averiada.
Meses y más meses, repito, una pantalla en negro porque parece ser que no hay quien quiera o quien sepa, solucionar la conexión o cambiar el artilugio para evitar la molestia de los pacientes y sobre todo los que tienen dificultades de movilidad, que bastante tienen con lo que tienen, y están sometidos a la absurda modernidad de un aparato que no funciona.
Y no es la primera vez que en Carriola contamos este “chiste”. Y tampoco será la última. Insistiremos hasta que le caiga la cara de vergüenza a quien sea y no vamos a esperar a que nos “toque” ir otra vez a consulta, que ojalá sea dentro de muchos meses. Amén.