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Sobre el egoísmo de pedir entradas de la verbena piloto para no usarlas

Carriola. J.S.P. 21.06.21.

Una falta de respeto y de responsabilidad es la que cometieron aquellas personas que se apresuraron la pasada semana a pedir entradas para la verbena que, de las mil que había, se llevaron 900 el primer día de la oferta, y a la hora de la fiesta, ni aparecieron por el recinto lo que impidió a participar más de cuatrocientas personas en el evento por su irresponsabilidad.

La experiencia piloto era una buena idea, no cabe duda. Me recordó a la polémica que hubo al comienzo del curso escolar que ahora está a punto de rematar, cuando se decidió abrir los colegios. Había quien no quería por el lógico miedo a la pandemia ésta que nos atormentó dos años de vida, pero las autoridades se arriesgaron a poner en marcha el sistema y acertaron de lleno porque, con contagios y todo que se fueron controlando, la gran mayoría de los escolares pudieron asistir a los centros sin grandes problemas. Con esta prueba de la “verbena piloto” ocurrirá un poco lo mismo y ojalá que haya sido el comienzo de una apertura que alivie la situación de toda esa gente que vive de alegrar las noches y que no son sólo los que se ven en los palcos, sino todos los que preparan luz, sonidos, montajes, transportes, representaciones… Un mundo.

Imagen del recinto completo, donde se puede contar el número de personas asistentes a la verbena

 

Y el desprecio de esas cuatrocientas personas (o más porque si contamos cabecita por cabecita los asistentes al recinto que se ven en nuestra fotografía de ayer en Carriola, igual nos quedamos cortos a establecer el número de desertores), tiene que hacer pensar a los organizadores de otros eventos similares en el caso que haya que repetir lo de las vallas cerrando el recinto, que ha de haber un control de esta situación que posibilite que, por ejemplo, un cuarto de hora después de haber comenzado el espectáculo, puedan entrar otras personas sustituyendo a los caraduras que tienen la entrada pero no asisten. No es fácil, ya lo sé, pero el incivismo y la irresponsabilidad de muchos no tiene por qué ser pagado por otros que ven frustrado su deseo de participar en algo público que, de una u otra manera, pagamos entre todos.

No sería difícil, aunque sí acaso trabajoso, que se controlara los asistentes mediante la entrega de su entrada y, en los medios telemáticos que se tienen, poner una cruz a aquellos que se llevaron las entradas y no las usaron para castigarles sin que puedan acceder a otro evento parecido en un año. Multas no se podrán poner por este desprecio, pero una decisión así les haría aprender a respetar lo que es de todos y a no apoderarse, egoístamente, de lo que no van a utilizar sin causa justificada, que algunos puedan tener, claro.

 

 

 

 

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