Carriola.Julio Santos Pena.25.07.21
Dos años han pasado ya desde que el Partido Popular revalidó su inmensa mayoría en las urnas incluso batiendo el récord de apoyo popular para obtener nada menos que quince de los 21 concejales de la corporación, arrinconando al BNG, que se quedó con un único asiento en el Pleno, y poco menos que al PSOE, que se tuvo que conformar con cinco pese a la renovación total que hicieron de la candidatura con la presentación de Manuel Pazos como revulsivo electoral.
Dos años es la mitad de la legislatura municipal y, la sensación que se tiene en el pueblo, es que María Ramallo va a seguir siendo la preferida de los ciudadanos acaso con menos récord que en el 2019, pero con suficiente apoyo para que siga en el gobierno los siguientes cuatro años.
Nadie puede negar el carisma de Ramallo Vázquez en el principal puesto de la Corporación. Es la primera mujer que se hizo con la alcaldía no se cuánto tiempo hace, y me da la impresión de que, si quiere, va a tener más oportunidades de liderar su partido y gobernar Marín algún tiempo más. María Ramallo no está sola, también es verdad. Ha sabido rodearse de una serie de concejales evidentemente capaces, dedicados y fieles a la jefa a los que tiene claro, muy claro, qué órdenes dar y a quien poner en cada sitio, en cada ocasión, salvo aquellas que requieran su presencia para las que está siempre dispuesta. Sus concejales son capaces de “marinear” por todas partes y gana la batalla de la propaganda gráfica porque, ese “marineo” puramente testimonial, se completa con la eficacia de las y los concejales claves de su gobierno que atienden y defienden su labor movid@s por los inteligentes hilos que maneja la regidora que no pierde detalle.

Al PP de Marín le sonríe el hecho de que el propio Feijóo, presidente de la Xunta, tiene que rendirse ante la evidencia de sus buenos resultados electorales. A María Ramallo le sonríe también el estar muy bien valorada en las altas esferas del partido que incluso han llegado a intentar llevarla a otras instancias de más nivel, caso reconocido aquí, públicamente, por el propio presidente de la Xunta, a lo que ella siempre se negó, si con ello no podría ser la alcaldesa de Marín. Y le vale también la excelente relación que tiene con, por ejemplo, la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, del PSOE, quien sabe distinguir entre los buenos políticos y los pobres de espíritu que utilizan la política par otras movidas. Y así, Ramallo consigue de la Diputación Provincial por lo menos lo que le corresponde a Marín como parte importante que es de la provincia y, buen ejemplo de eso, estuvo el otro día en Seixo cuando se mostró la cordialidad y el espíritu colaborativo entre Ramallo y Santos Héctor, diputado provincial de cooperación, en el acto de inauguración del Camiño Vello de Seixo.
María Ramallo tiene por delante dos años en los que va a presentar obras hechas ya, e inaugurar, o casi, el ansiado Auditorio que será un espaldarazo a su gestión, entre otras novedades que bien se cuidarán de acercar a junio de 2023 para que se aprecien bien.
Y observando este panorama que no es difícil ver, cabe preguntarse qué hay por la otra parte, por la izquierda municipal que debe saber que lo tiene bastante crudo, si nos atenemos a lo hasta hora explicado en este comentario. De todas las opciones, de la izquierda, “un feixe delas” en las anteriores municipales solo resistieron, como queda dicho, el histórico PSOE con solo cinco escaños y el BNG con uno nada más. Todos los demás desaparecieron del panorama político local acaso porque presentaron discursos vacíos de municipalidad y personas que poco tenían que decir a los votantes. Y es que en política municipal no vale otra que las cosas del pueblo donde uno vive, por eso el votante local puede dar su voto a unos en las Generales y a su vecino preferido, aunque sea de otro partido, en las Municipales, porque aquí o en Sebastopol, cada uno conoce a los suyos, a sus vecinos, con los que convive cada día.
La izquierda local tiene dos años para pensárselo mucho y caer de una vez por todas en la realidad de que mil siglas no hacen fuerza si van separadas, y que necesitan una unión de criterios que sea capaz de oponer su fuerza común a lo común de la derecha que representa el PP en estos momentos. Aquí ha habido ciento y una opciones y, si uno criba las personas que las representaron, se verá que, muchas, han sido las mismas que una vez lo hicieron por aquí y otras por allá, siempre buscando o tratando de buscar acomodo personal en la Corporación. Hubo intentos loables, no quiero nombrar, de hacer piña marinense en la política local, pero todo se fue al garete a las primeras de cambio; Hubo “inventos” políticos que se desinflaron como globos enseguida, porque una cosa es predicar y otra dar trigo. Y con este panorama la izquierda en general, o se replantea una unidad firme, clara y contundente, o seguirá abonando el terreno al PP que tiene su capital político bien invertido.
Pero esta idea no es nada nueva. Ya se ha dicho por activa y por pasiva pero…
Por avisar, y aún faltan dos años, no será.