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Maky, Ocaña y otros históricos fotógrafos marinenses

 Carriola.Julio Santos Pena.06.12.21

Ahora hay tantos fotógrafos como teléfonos y hay quien tiene dos o tres, o más y en cualquier sitio, a cualquier hora y sin tener en cuenta parámetros de luz, sombra, encuadres o lo que sea, basta con darle al dedito y sale una foto que, en el mismo momento, puede llegar al fin del mundo. Los nostálgicos, pocos ya,  de la imagen creada y trabajada se hacen cruces con tanto progreso.

Pero no siempre fue así. Allá por los mediados del siglo XIX comenzaron a establecerse fotógrafos profesionales en las distintas ciudades y pueblos. Y empezaron a salir las primeras postales de vistas de los mismos, y retratos de lo más variopinto, desde personas a familias en torno a sus fallecidos en pleno velatorio, para mandarlas a la emigración como muestra de que el “viejo” la había palmado de verdad.

Manuel Cendán Vilela, en su libro “Marín en las Postales Antiguas” del que gozamos leyendo y reproduciendo su información en Carriola, dedica un extenso capítulo a esta profesión que dejó constancia del paso del tiempo en los pueblos y sus habitantes. Y, cuando se refiere a Marín, centra su atención en Maky”, Manuel Maquieira que fue toda una autoridad en el arte de la imagen obtenida con la precisión y certeza, no solo de sus máquinas sino también de su trabajo en el laboratorio.

Panorámica de Marín. Foto Maky

 

Previamente, Cendán nombra otros fotógrafos, de alguna manera relacionados con Marín, teniendo o no estudio aquí, y así señala a Aquileo Bocconi nacido aquí de familia italiana que tuvo estudio fotográfico en la localidad, igual que su hermano Patricio lo tuvo en Pontevedra. Fue acaso el primer fotógrafo que hubo en Marín y Cendán supone, por los documentos consultados que fue un fotógrafo ambulante de los que se estilaban de aquella y hasta el último tercio del siglo XX.

Otro fotógrafo de Marín fue Francisco Prieto Losada que fue fotógrafo de profesión y pastor protestante procedente de Madrid que se instaló aquí en 1884 aunque cuatro años más tarde se trasladó a Pontevedra.

“Enrique Aguilera, talleres de fotografía Vda de Gómez” es otro nombre manejado por Cendán en su referencia. Enrique Aguilera tuvo un negocio de fotografía, sellos de goma, metal, acero, etc., y grabados de todas clases en la calle Riestra número 13.

José Fernández Jiménez, vecino de Mogor, y Aquilino Moreira Lemos, natural de Catagena y vecino de Soage, fueron también fotógrafos censados en Marín en la década de los cuarenta y, especialmente el primero, entiende Cendán, debió ser fotógrafo ambulante.

Manuel Maquieira “Maki”

Manuel Maquieira, Maky

 

Pero el verdadero interés de Cendán Vilela en su libro está en el icónico “Maky”, un fotógrafo que marcó la imagen de esta villa y sus gentes durante el pasado siglo. Nació en Marín en 1893 y aquí falleció en 1984. Emigró a América del Sur donde aprendió el oficio de fotógrafo. A su regreso a Marin en 1920 trabajó en la droguería Esperón pero pronto se estableció como fotógrafo en la calle de la Reina (todavía el establecimiento de librería que hoy se ubica allí se denomina “Librería Maky”.

La referencia profesional de Manuel Maquieira era el retrato, lo más habitual en la época, pero también  dedicó mucho de su profesión a obtener vistas paisajísticas de Marín y su entorno para lo que buscaba en las alturas próximas las mejores posiciones para obtener la imagen más fiel y espectacular, diurna o nocturna, que la ciencia fotográfica permitía obtener. En el año 1930 el ayuntamiento acordó el pago de una cantidad a Maky por fotografías de panorama de Marín para enviar al extranjero. Y ese mismo año Maky inició la producción de tarjetas postales cuyas colecciones estuvieron vigentes durante décadas y con su “sello seco de Foto Maky” y en papel fotográfico de brillo.

La labor de Manuel Maquieira se consolidó en Marín hasta el punto en que creo afición con lo que, como consecuencia de la misma, se instauró el “Concurso de fotografías de Marín” para aficionados en noviembre de 1933, siendo su comisión organizadora personajes de la villa como Gonzalo Santiago, José Torres, Ezequiel Massoni, Pablo Aparicio y José Bernadal, concurso que fue calificado como de gran éxito por la prensa del momento.

La importancia de Maky como fotógrafo rompió límites geográficos y fue considerado como un gran profesional dentro y fuera de Marín donde con frecuencia se le veía, trípode al hombro y máquina en ristre, tratando de encontrar el mejor encuadre para su colección de vistas.

En su última etapa y en el mismo local Maky abrió una librería papelería en la que los marinenses encontramos siempre cualquier cosa relacionada con la lectura y escritura que se nos ocurriera buscar. Fue uno de los establecimientos emblemáticos de este municipio y que levante la mano cualquier marinense que, viviendo de mitad del pasado siglo hacia adelante, no haya pasado por aquella singular tienda donde la esposa de Maky y sus hijas Chelo y Sara, resolvían cualquier demanda o recogían los carretes que el fotógrafo procesaba en su laboratorio en el interior del local, o acompañaban al estudio del veterano fotógrafo a quienes tenía que hacer un retrato, para lo cual Maky contaba con complementos de iluminación y ambientación apropiados.

Emilio Ocaña “FoToYó”

Otro de los profesionales de la imagen que marcó una época  aquí fue Emilio Ocaña Dorado. La inauguración en Marín de la Escuela Naval Militar atrajo a esta villa personas profesionales de diversas especialidades de más o menos lejanía, como fue el caso de  Ocaña Dorado, natural de Cochabamba, en Bolivia, aunque pasó su juventud en Vigo, Llegó como fotógrafo de la Academia de la Armada y, dos años después, abrió su estudio combinado con un establecimiento de quincaya al que, el ayuntamiento, en sesión de uno de mayo de 1945, otorgó licencia a nombre de su padre Manuel Ocaña Larrín, tienda que rotuló con el nombre de “FoToYo” y el mismo nombre se mantuvo en el nuevo estudio que Ocaña puso en la calle General Franco, encima del popular ultramarinos “La Campana”.

Emilio Ocaña creó varios albumes de vistas de Marín y su entorno pero, en un porcentaje considerable, dedicó su trabajo a fotografías de aspectos de la Escuela Naval viéndose muy favorecido por la llegada de los helicópteros al centro castrense en los años 50, con lo que aparecieron numerosas fotografías aéreas de su autoría. También fue fotógrafo de numerosos actos sociales y en especial de bodas y retratos que realizaba en su, por entonces “moderno” estudio.

Otros fotógrafos populares

Y ya en la época final del siglo pasado, aparecieron varios fotógrafos populares que fueron atendiendo a un Marín mucho más poblado y necesitado de profesionales de la fotografía. Los hermanos Quirós, Cea, Orjales, Rivas, etc., sin que nos podamos olvidar del gran Gago, un verdadero científico, investigador y sufridor de las modernidades que rompen el arte del cálculo que los profesionales hacían para conseguir los mejores efectos. Todos ellos, con mayor o menor categoría técnica, cubrieron la demanda de reportajes sociales, especialmente bodas, que se celebraron en Marín durante esa época o plasmaron la realidad paisajística o social de cada momento.

Aquel trabajo puramente artesanal fue invadido por la fotografía digital y los laboratorios industriales e incluso los ordenadores e impresoras caseras que han minado una profesión de verdaderos artistas de la imagen que solo contaban con su vista, su pulso, unas máquinas “milagrosas” y los líquidos de sus laboratorios que les ennegrecían los dedos de sus manos gracias a los cuales, han quedado para la historia imágenes, en este caso de un Marín que ya no es igual, y personas que ya no están.

Vista aérea. Foto Ocaña

 

Todo sea por el progreso.