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La propiedad de la Isla de Tambo, desde el Monasterio de Poio a la Escuela Naval Militar

Carriola. Julio Santos Pena. 20.12.21

Retomamos hoy del libro de Manuel Cendán  “Marín en las Tarjetas Postales Antiguas” una capítulo muy interesante que el fallecido marinense dejó escrito sobre la Isla de Tambo y su relación con el entorno de la Ría refiriéndose a quienes fueron sus propietarios a lo largo del tiempo

Recuerda Cendán, en primer lugar y doy fe de ello, el ansia que los chavales de hace ya muchas décadas teníamos por poder llegar a Tambo en alguna chalupa prestada (o lo que sea), aunque siempre pesaba la amenaza del centinela de la Escuela Naval que, arma en ristre, tenía orden de rechazar la “invasión” y al que la bastaba una voz amenazante para disuadirnos del intento. NO sería una sola vez que algunos incluso pescadores, escucharon el sonido de los disuasorios disparos al aire que  intimidaban al más osado. Siempre la estampa de Tambo fue un atractivo y la recordamos cuando era todo un pedregal sin apenar un árbol porque los eucaliptos (una pena) que plantó la Escuela Naval en la década de los cincuenta, todavía eran una quimera.

Dice Cendán, tras sus investigaciones que “Perteneciente a la jurisdicción de Poio, Tambo llega al siglo XIX como propiedad del Real Monasterio de San Xoán de Poio y el 8 de marzo, ante el notario de Pontevedra José Benito Esperón, se formalizó la escritura de arriendo en favor de Ignacio Núñez, vecino del puerto de Combarro por un tiempo de nueve años con una renta de 200 rales de vellón a satisfacer en moneda metálica usual y corriente en cada uno de los nueve años en el mes de noviembre. El alquiler de la isla obligaba a “fructuar a todas las personas que actualmente trabajan la motivada isla, los quiñones o porciones de terreno de que lo están haciendo sin despojarlos de ellas salvo aquellas que llegado el mes de noviembre no aporten la prorrata de la renta que le corresponde a su quiñón y en tal caso, quedando facultado el Núñez y sus herederos para despojarle de él, disfrutarlo de por sí o darlo a otra persona que le pague dicha prorrata de Renta a su voluntad”.

Tambo al servicio de la Escuela Naval Militar de Marín

 

Y llegó la desamortización de Mendizabal

Claro que antes de los nueve años, concretamente en 1835, llegó la desamortización de Mendizabal que dejaba a los institutos religiosos conventos y demás sin sus propiedades para su subasta, alegando la mala situación de la Hacienda Pública, como ocurrió con el Priorato de Marín y otras muchas propiedades que, no habiendo grandes capitales en los pueblos, fueron adquiridos por personajes importantes y aún muchas veces lejanos , que se hicieron con muy poco con las valiosas propiedades en venta por auténtica expropiación.

Tambo fue incluida en la lista de propiedades a desmortizar pero, los vecino de Combarro no estaban dispuestos a perder sus derechos históricos sobre la isla y, tras varios litigios, consiguieron en el año 1849 el dominio de las 18 hectáreas que ocupa, dando poder a Manuel Graña Arís para la defensa de sus derechos en un largo pleito que acabó dándoles la razón

El derecho vecinal suponía una fragmentación negativa de la Isla y ocurrió que, el tal Graña Aris reclamó el abono de los cuantiosos gastos ocasionados por el proceso y, con reticencias, pero, al final, la totalidad de los vecinos de Combarro decidieron vender a Francisco Arosa González sus derechos con las condiciones de que debería pagar por la parte de los vendedores las cantidades a las que tenía derecho Manuel Graña Arís y que reclamaba por los gastos originados en los pleitos y, además, que se comprometía a abonar los más gastos que se causaran si Graña Arís persistía en sus demandas. Y Francisco Arosa fue comprando, uno a uno, los terrenos de cada propietario hasta conseguir la propiedad total de la Isla que vendió en febrero de 1884 a Eugenio Montero Ríos las tres quintas partes de Tambo en la cantidad de 3.000 pesetas con el compromiso de repartir en el mismo porcentaje las cantidades que Montero Ríos reclame y consiga del Estado por el uso que se haga de la finca.

Y llegó el momento de repartirse la isla. Se hicieron las cinco partes de su superficie y contenido y se realizó un sorteo de las mismas entre Montero Ríos y Arosa González, acordándose previamente que los dos muelles existentes fuesen comunes y los caminos, la fuente y el estanque, también.

Y hubo una nueva venta porque Francisco Arosa, que contaba con dos partes de las cinco, vendió una de ellas a Manuel Paz Torres por el valor de 1.500 pesetas e incluso ya en 1889 aparece el notario Valentín García Escudero como propietario de la otra quinta parte por lo que Manuel Cendán considera que seguramente se la compró a Francisco Arosa en el mismo año.

Dos ruinas en subasta

En 1894, según explica Cendán Vilela, aparecía con el número 228 en el Inventario de Bienes del Estado que Tambo que existen: “Las paredes de los formales de cuatro edificios en estado ruinoso, sin tejado ni madera alguna de pisos, puertas, ventanas, y la fachada de otro frente al muelle, que fueron destinadas a Lazareto de Tambo”. 

Considerando el estado ruinoso  de ambas edificaciones y al estar construidas en terreno ajeno, salen a subasta pública en el Boletín Oficial de la Provincia de 11.04.1894 la piedra y otros materiales de estas ruinas por un valor de tasación de 870 pesetas, subasta que, en mayo del 1894, fue adjudicada a Manuel Portela Valladares en representación de Eugenio Montero Ríos por el valor de la tasación.

Montero Ríos se hizo en el mismo año con la quinta parte de la Isla que poseía  Manuel Paz Torres por el valor de 1.500 pesetas y, siendo propietario de las cuatro quintas partes, su familia, ya en el año 1940 vendió la propiedad a la Marina de Guerra para uso de la Escuela Naval Militar, estamento que utilizó la isla para distintas funciones entre las que destaca la de polvorín, construyendo en ella un túnel, que aún existe pero sin utilidad, donde se guardaban los explosivos que utilizaba el centro castrense para sus prácticas. Vigilada por un destacamento de centinelas que se relevaban en guardias continuas, Tambo se mantuvo “alejada” de las comunidades vecinales hasta ahora en que, todo parece que revertirá de nuevo a la jurisdicción del  ayuntamiento de Poio que tiene la ocasión de convertir ese enclave en algo especial para el concello y para todo el entorno de la Ría.

Del valioso libro de Cendán extraeremos otro día en Carriola su referencia al Lazareto de Tambo y faro de Tambo (el Tenlo Chico) instalado en 1922 para guía de los barcos.

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