Carriola.Redacción.19.08.22
En su libro de semblanzas “Marinenses de hoy y de ayer”, Laureano Mayán nos dejó, como venimos diciendo en Carriola un rosario de referencias a personajes más o menos populares, muchos de ellos ya desaparecidos y que dejaron, por sus actividades profesionales o lúdicas. Y hoy consultamos la que dedicó a Paco “Poquitacosa”
Se llamaba Francisco Fernández Orge, nacido en A Raña en octubre de 1908 y fallecido en octubre de 1996. Era guardia municipal de aquellos agentes que aún no tenían en rimbombante título de “Policía” local y todo el pueblo le conocía por dos cosas: por su eterna sonrisa y buen carácter y por el sobrenombre heredado de sus ancestros, Poquitacosa, apodo que llevaba como llevamos casi todos los marinenses de aquel tiempo sobre la frente como sello de identidad, y cada quien el suyo.
Laureano Mayán recogió en su libro muchos aspectos de la vida del entrañable Paco que, como hijo de los propietarios del Pazo de San Pedro, trabajó en su infancia en el campo porque terrenos para el cultivo tenía su familia en cantidad.

Paco con el uniforme de la Banda de Música
Pero su pasión era la música y sin que se sepa cómo, aprendió solfeo para, después de cumplir su Servicio Militar, ingresar en la famosa Banda de os Exploradores, lo que le dio opción inmediata de pasar a formar parte de la banda de Música Municipal de Marín.
Contrajo matrimonio en el año 1935 y un año después es llamado al frente, participando en los avatares de la guerra en el Norde de España.
De regreso, ya en el 1939, se incorpora al ayuntamiento como Guardia Municipal, puesto que defendió hasta su jubilación en el 1973. Pero como otros muchos funcionarios de aquel tiempo, pertenecía a la Banda de Música Municipal y fue uno de los que sufrió el accidente mortal, en el que falleció el director Sampablo, cuando la camioneta que los regresaba de una actuación en Vigo, fue arrollada en Arcade por un tren. Saló ileso del accidente afortunadamente.
Pero Paco “Poquitacosa” tenía una función muy especial que le hacía ser admirado y querido por todo el pueblo porque era el encargado de leer en las plazas públicas, los Bandos que dictaba la Alcaldía del momento. Acompañado de Segundo y de otros tamborileros en cada momento, Paco se hacía oir desde las casas que rodeaban plazas y calles cuyos moradores se enteraban de las órdenes municipales gritando para empezar: “El Alcalde de Marín hace saber...” para terminar con: En Marín a tanto de tanto de tal año, firmado el alcalde “X”. Avisos de fiestas con obligación de cierres de comercios; del pago de la contribución en tal o cual día; de la obligatoriedad de limpiar las fachadas, etc.etc. Eran cíclicamente repetidos por Paco en su labor que le hizo ser el último pregonero del concello marinense.
Laureano Mayán destaca la personalidad bondadosa de Paco del que asegura que en los cuarenta años de servicio difícilmente se pueden contar las multas que puso con los dedos de una mano. Era un amante del diálogo y el respeto y siempre trató de corregir con la palabra, seguramente consciente de que los tiempos no estaban para multas económicas. Eso sí, riguroso fue con su propia hija a la que sorprendió arrancando una flor en el jardín. Diez pesetas de multa que no le perdonó, con lo que la chica se pasó sin ir al cine durante u mes.
Atento, respetuoso, comunicativo y comprensible son los calificativos que con razón le dedica Mayán a Paco “·Poquitcosa” que fue además un cabeza de familia ejemplar y orgullosos de los suyos. Y por todo eso, es bueno que los marinenses de ayer le recordemos y, los de hoy, sepan que hubo personas dignas y afectuosas en este pueblo que merecen no ser olvidadas.