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El Puerto de Marín flojo presente y dudoso futuro

Julio Santos Pena

 Llevamos algún tiempo inquietos por la actualidad del Puerto de Marín y, especialmente, por su futuro. Desde la Autoridad Portuaria, en los medios de comunicación se esfuerzan en dar una imagen de bonanza que mucho me temo que no se corresponde con la realidad. Haber perdido en un año los miles de toneladas que llegaban a esta rada en contenedores y también a la terminal de fruta tantas veces elogiada por los responsables portuarios como una de las panaceas de la actividad, no deja de ser una realidad.

Bien es cierto, al menos así lo creo, que estas dos circunstancias negativas no tienen nada que ver con la gestión de la Autoridad Portuaria (o un poco sí) con toda su parafernalia administrativa. Antes bien, sé que los puertos están expuesto a las decisiones de las empresas, decisiones que, en muchos casos se pueden considerar “traiciones” a quien intenta ponerles las cosas fáciles pero, en realidad, lo que les interesa, y también reconozco que es lógico, es sus propios beneficios sin importarles lo que arrasan con sus decisiones.

En el caso de los contenedores, se empezó hace ya varios años con, de alguna manera, dejar marchar a una empresa habitual para Vilagarcía y se remató con el caramelo que otra de las más importantes del mundo nos puso en la boca, asegurando que traerían barcos enormes y millones de toneladas, para en pocos meses, marcharse otra vez arrebatándonos el caramelo de la boca cuando ya se empezaba a degustar. Solo les bastó asustar al puerto de Vigo para que conseguir reducciones y prebendas para que, de lo dicho, ni la octava parte. Quizá los agentes portuarios de Marín no anduvieron muy acertados en el primer caso pero, en el segundo, se han dado de bruces con la realidad después de invertir un pastón en los servicios que necesitaría el espejismo de la abundancia prometida.

El otro caso, el de la terminal de fruta, es otra puñalada trapera empresarial o acaso algo de falta de cintura de la Autoridad Portuaria que durante décadas, casi cuatro, estuvo presumiendo de ser este puerto un referente en la recepción y manejo de la fruta para, casi de un día para otro, dejar que la terminal se convierta en una jaula para los pájaros.

Y se cierne sobre el puerto un negro nubarrón como es, y se puede convertir en una catastrófica tormenta, del posible cierre de ENCE, si Dios no lo remedia. Dejando a un lado el hecho incontestable de la negativa incidencia de la perdida de semejante industria en esta comarca con lo que supone de ruina para auxiliares, autónomos y todo lo que le rodea, que sería tema a tratar en otro comentario, es rigurosamente cierto que sin ENCE ahí al lado, que mantiene gran parte de la actividad portuaria, éste, que un día se dio en llamar “Pequeño gran Puerto”, será poco menos que nada o se convertirá en un punto de recepción de mercancías que nadie quiera, lo que es un peligro latente que nos hemos temido desde siempre.

Menos mal que, de momento, se mantiene la actividad y el empleo en las áreas de pesca congelada, su manipulación y su tratamiento que en ellas tengo más esperanza porque las naves que utilizan, con todo lo que contienen, no se pueden llevar a cuestas ni navegando para otro sitio

Está bien que se manejen estadísticas  “alegres” y que se quiera mantener la moral a toda costa; Está bien que siempre se eche mano del socorrido deseo de “buscar nuevos tráficos” y está bien que se quiera dar ánimos a quienes tienen sus lentejas en el puerto. Lo que no se puede es negar la evidencia y la evidencia es que los muelles de nuestro puerto presentan una depresiva imagen con sus grúas paradas casi toda la semana y sus norays al aire sin una estacha que sujetar. No hay más que verlo.

  

roslev