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El auditorio de Marín ¿la maldición de la bruja Coruja?

Carriola.Julio Santos Pena.24.01.23

Lo del auditorio de Marín parece una maldición. Llevamos décadas soñando con un recinto donde poder organizar actos culturales, representaciones teatrales, conciertos o lo que sea, como ocurre en todos las ciudades, las villas y hasta en muchas aldeas que cuentan con auditorios magníficos que aquí se nos niegan incomprensiblemente por unas u otras causas y todo se complica cuando más cerca parece estar su consecución.

Ahora mismo andamos con el problema surgido en la decidida ubicación. Carriola de Marín adelantó hace más de una semana las dificultades que se han encontrado los constructores del edificio y su subsuelo en el solar “playero” donde se ha querido poner el auditorio con más o menos apoyo popular, pero con la decisión común, para eso lo votaron por unanimidad todos los partidos a favor, de situarlo ahí donde ahora, una vez empezadas las excavaciones, hay dudas de si se podrá o no.

Y es el segundo episodio negativo porque, en la primera adjudicación de esa obra, la empresa que se hizo con el contrato se encontró, sin dar una sola palada al terreno, con que el dinero del presupuesto no llegaba y decidió poner los pies en Polvorosa, aún perdiendo un buen dinero de la fianza. Se dijo que el aumento de los costes de materiales por la crisis fue el motivo y esa realidad obligó a buscar un milloncejo más de euros y volver a empezar con la convocatoria y adjudicación de la obra con la que se hizo otra empresa que, mucho nos tememos (ojalá que no), tendrá también dificultades y ya se ve que, de momento,  se han encontrado con el suelo de la playa donde Gago de Mendoza les dio “pal pelo” a los franceses al día siguiente de la liberación del Fuerte de San Fernando aquel glorioso 4 de abril.

InteriorPero es que la historia negativa del auditorio de Marín ya tuvo una página escrita hace años, cuando aún era conselleiro de obras públicas el finado de Cuíña y aquí gobernaba el PSOE de Toneco. De aquella la Xunta convocó un concurso de proyectos para ubicarlo en la zona del Parque Eguren aprovechando los desniveles existentes. El proyecto vencedor era, al menos sobre el papel, una verdadera maravilla de instalación interior y exteriormente con diversas salas funcionales muy aprovechables. Y los ganadores, arquitectos Rodríguez Abelleira y Pintos Pena, se hicieron con el premio que consistía, entre otros conceptos la dirección de la obra. ¡Ah! pero llegó la crisis del gobierno autonómico cuando Fraga Iribarne sorprendió a propios y extraños, poniendo a Cuiña en la calle y sustituyéndolo por Núñez Feijóo que ocupó la importante consellería y decidió que el auditorio de Marín era muy caro con lo que se dio carpetazo al proyecto, al concurso y a la obra que, nuestro gozo en un poso, voló como una gaviota y... hasta hoy que sigue,  de alguna manera, por las nubes.

Interior del auditorio que fue aprobado en su día en el Parque Eguren

Aquella decisión de la Xunta fue el primer sopapo que llevamos y mira que ya hace años de esto y, con posterioridad, por unas u otras causas, estamos sin auditorio donde organizar eventos que necesitan un recinto como sería el de nuevo adjudicado y que está en el aire ahora, otra vez, por motivos técnicos, o sabe Dios.

Y como es año de elecciones a tutiplén, este asunto es una perita en dulce para utilizar según convenga. La decisión de ubicar el auditorio en ese punto ha sido común; los tres grupos PP-PSOE y BNG, a los que no se les puede negar el interés por este servicio cultural,  votaron a favor en las sesiones plenarias y se congratularon de ello en las presentaciones que se hicieron en su día. Por otra parte, de la Corporación y con más responsabilidad en el Grupo de Gobierno, no hay que dudar de su voluntad de dotar de una vez a Marín  de su auditorio porque bastante rompecabezas ha sido todo hasta hoy, que sigue siéndolo. Pero la realidad es que, desde aquel día en que el “auditorio Cuíña” fue deshechado tras haber dado los pasos más importantes, parece que nos ha caído la maldición de la bruja Coruja y, o mucho nos equivocamos, o la pelota vuelve a estar en el alero. ¡Que cansancio!.