Carriola.Redacción.10.02.23
De vez en cuando a uno se le da por escudriñar en los cajones donde se acumulan papeles antiguos, fotos sorprendentes y viejos recuerdos que le hacen volver a tiempos atrás. Y ha sido el caso que, metido en esa curiosidad, me topé con un largo y sustancioso artículo histórico del profesor José Torres Martínez sobre Marín desde sus orígenes, artículo que he dividido en dos y del que aquí va la primera parte:
De los orígenes de Marín al Marín del Medievo

Como otros pueblos del litoral gallego también Marín cuenta con recuerdos de una remota antigüedad. Los más lejanos antecedentes han de buscarse en la interpretación del os restos de la cultura dolménica, propia del primitivo fondo de población indígena del noroeste peninsular que cultivan posteriormente los celtas sobre el siglo VI a de JC.
Los primeros hechos transcurren, por otra parte, entre brumas de leyendas relativas a las navegaciones cretenses en la ruta de las famosas ”Kassiterides”. cuyos testimonios quieren verse en las abundantes insculturas rupestres esparcidas por los diversos parajes del litoral - particularmente en el Laberinto de Minos situado en el Monte de Mogor, aparte de la prueba verdaderamente copiosa del origen griego de numerosos topónimos de nuestra Ría.

Petróglifos de Mogor
En efecto, son muchos los nombres geográficos de accidentes y lugares próximos tales como Bon, Meiro, Bueu Hermelo, Beluso, Camouco Mourisca, Melide, Fagilda, Sinas, y otros los que acreditan claramente este carácter griego, lo que hace pensar fundamentalmente en el paso por estas costas de aquellas navegaciones y la fundación de colonias de descanso en sus largas singladuras.
En un pleno ya netamente histórico podemos recordar el paso de los romanos y el estacionamiento sus legiones en nuestros alrededores como también la utilización de nuestro puerto como punto de comunicación entre la Península y el Oeste europeo. En apoyo de esta tesis cítase el hecho concreto de haberse organizado aquí la expedición militar preparada por el Emperador Adriano para llevar a cabo la conquista de La Britania. No menos significativo para el caso es la construcción de la Vía Romana que, desde Lucus Augusta, llegaba hasta nuestro puerto a la que hace referencia la piedra milaria aparecida en el lugar de la Almiña en el límite de las parroquias de Salcedo y Lourizán, al mismo tiempo que las nutridas y variadas muestras de cerámica de ornamentación incisa del tipo saguntino, juntamente con otras definidamente romanas que han sido recogidas entre los escombros del llamado “Castro de Cividade” o “Monte de las Siete Espadas”.
Marín en el Medievo
En pleno Medievo aparece Marín como una villa de realengo que, en el año 1112 es donada por la Reina Doña Urraca al caballero Don Diego de Arias de Deza en premio a sus señalados servicios quien, habiendo disfrutado de su señorío durante treinta y nueve años y fallecida su mujer, Doña Sabina Díaz, sin haber tenido sucesión, toma el hábito en el Monasterio de Santa María de Osera. En consecuencia de esta determinación, nuestro caballero cede al Císter la villa de Marín con las más tierras y heredades de su patrimonio.

Priorato de los Monjes de Osera, hoy desaparecido, a mediados del pasado siglo
Dicha cesión aparece formalizada en el año 1152 y comprendía la Villa de Marín y su coto marítimoterrestre “con todos sus términos pertenencias e derechuras”, cesión que fue por otra parte, confirmada por el Emperador Alfonso VII el 12 de mayo de 1151, en Real Carta suscrita en Toledo y por los Reales Privilegios de Sancho III, dado en Palencia el 10 de diciembre de 1286 de Fernando IV, suscrito en Zamora el 2 de agosto de 1301, y de Alfonso XI, fechado en Burgos el 25 de mayo de 1326. Asimismo fue refrendada la referida cesión por las Bulas Apostólicas de Adriano IV el 3 de junio de 1155, de Alejandro III el 4 de julio de 1170 y de Horacio III el 19 de mayo de 1224.
De aquí nace, pues, el titulo de propiedad y de legítimo señorío que el Abad de Osera ejerció sobre la villa a través de su Priorato de Santa María del Puerto de Marín por el largo tiempo de siete siglos hasta la incorporación en el año 1811 de los Señoríos a la Corona. Definitivamente, la influencia del Monasterio de Osera cesó con la Ley de Desamortización Eclesiástica de Mendizabal, en el año 1835 no sin haber sufrido reiteradas violencias y usurpaciones por parte de la ambición de los nobles, como también insistentes intromisiones jurisdicionales de la Mitra Compostelana que, tras pesados y enojosos pleitos dejaron siempre bien sentado el derecho de Osera,
NOTA; Mañana publicaremos en Carriola la segunda parte de este interesante relato histórico del profesor Torres Martinez (Don José) recogido en una publicación parroquial de los años sesenta del pasado siglo.