Carriola. Redacción. 20.09.23
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En intervenciones anteriores hemos ido recordando cómo ha ido evolucionando desde el siglo XXVIII la comunicación por tierra entre Marín y Pontevedra que, como explica Manuel Cendán en su libro “Marín en las Tarjetas Postales Antiguas”, fue sustituyendo a la que anteriormente se hacía ría arriba por mar. Carrozas, caballos y carretas fueron los primeros medios de transporte que circulaban por vías poco menos que tercermundistas que se fueron adaptando a los nuevos medios como fueron el tranvía de vapor y el tranvía eléctrico que lo sustituyó porque la máquina de vapor y sus prestaciones eran un verdadero desastre. Y nos falta para cerrar este tema, la última página de la historia
Todo se acaba para dar paso a nuevas etapas y también le llegó la hora al tranvía eléctrico que prestó sus servicios entre el 1924 y 1942 año en que se sustituyó por los entrañables “troles” de los que muchos nos acordamos todavía con especial simpatía.
Ocurrió a raíz de la decisión de ubicar la Escuela Naval Militar en Marín contra las pretensiones de otros municipios en el año 1938. Claro que tan importante estamento necesitaba terrenos y mejoras en general de la zona, como era el caso de las comunicaciones terrestres porque la carretera existente era de pésimo firme y prestaciones. El Ministerio de Obras Públicas decide la modificación de curvas y rasantes del trazado pero también la colocación de adoquines en los siete kilómetros de vía con firme de hormigón.

Este quizá fue el primer trole quel legó a Marín
Semejante cambio obligaba a levantar las vías del tranvía eléctrico pero la compañía propietaria “Tranvías de Pontevedra” no estaba en condiciones económicas para afrontar tan costosa obra que además era casi una obligación por las razones antes expuestas. Y volvió la iniciativa positiva al Consejo de Administración que en aquel momento presidía el marinense Agustín Nores Patiño que decidió amparados en la nueva ley de 1940, probar suerte con los trolebuses, otros moderno sistema de transporte movido por fuerza eléctrica tomada de cables paralelos que podrían incluso aprovechar los arcos de soporte del anterior tranvía.

El tendido eléctrico aprovechó las cerchas del antiguo tranvía
Al trabajo se pusieron los ingenieros Félix Cabello, de caminos, y Vicente Riestra (industrial) y produjo el levantamiento de las vías sustituyendo el transporte por autobuses de aquellos tiempos en tanto no se terminaba el adoquinado de la carretera para emplear los modernos trolebuses. Aquellos autobuses funcionaban a base de gasógeno que no era otra cosa que quemar algo en la parte trasera para producir gas que diera movimiento a los vehículos ya que, con las carencias de la postguerra, otro combustible no había.
Y terminada la instalación del adoquinado a la que el ayuntamiento de Marín dio todas las bendiciones reconociendo la sustancial mejora del pavimento, llegaron los troles. En un principio seis coches Leiland procedentes de Inglaterra en un momento difícil en plena II Guerra Mundial, lo que requirió la intercesión de J. Sánchez Cantón que en aquel momento era embajador de España en Londres. La empresa intentaba inaugurar la línea de troles coincidiendo con la de la Escuela Naval en agosto de 1943 pero no fue posible hasta diciembre de ese mismo año tras la bendición de los coches por el párroco de Placeres Don José González Silva, acompañado por el párroco de Marín y algunas autoridades.

Medio Marín presenció curioso el desembarco de los troles de dos pisos en el muelle
Los primeros troles fueron numerados del 1 al 6. Tenían color blanco y el buen resultado de sus servicios aconsejó comprar otros tres que fueron íntegramente montados en “Cocheras” y, años más tarde, llegaron los trolebuses de dos pisos, de segunda mano, procedentes de Inglaterra que en un estado impecable, se incorporaron al servicio pintados de azul y con la novedad de llevar publicidad en el exterior.
Los troles fueron durante muchos años una seña de identidad de Marín y, a mediados de los años setenta, la empresa fue adquirida por la compañía de autobuses “La Unión” que presidía Miguel Otero Rodríguez. La condena de aquel sistema eléctrico vino como consecuencia del aumento del parque de automóviles y en general la circulación de vehículos por la misma carretera porque los “troles” estaban condicionados por los cables fijos de los que tomaban la energía para su movimiento. Y esta circunstancia hizo que la compañía propietaria que, en realidad era de autobuses, solicitara el cambio de los eléctricos por los mastodónticos coches de gas-oil, permiso que se fue concedido en 1991 año en que nuestros troles pasaron a la historia tan bien contada por Manuel Cendán Vilela en su libro.