Carriola. Ojiplático. 06.06.24
Todos los días vemos en las redes de Carriola cómo se calienta el debate, a menudo con pérdida del decoro debido, a propósito de la profunda reforma urbana que se lleva a cabo en Marín en los últimos tiempos y que está limitando drásticamente el número de aparcamientos disponibles, sobre todo en el centro urbano. Tengo para decir, lógicamente como opinión personal, que pienso que se equivocan profundamente quienes echan la culpa al Gobierno local, o personifican en María Ramallo el caos que la verdad sí se está generando en cuanto a los aparcamientos, porque lo que está sucediendo es una tendencia, no provincial ni autonómica ni estatal. Es una prioridad, por lo menos europea, y yo diría que de todos los los países supuestamente desarrollados, que busca a propósito reducir la circulación, los desplazamientos, conseguir el calmado de tráfico y tocando las narices a los conductores ir retirando los coches de los cascos urbanos de toda ciudad que se atreva a pedir dinero para reformar una calle.
No lo digo por decir, sino que es un hecho demostrable que la concesión de cualquier ayuda económica recibida de cualquier administración ahora mismo, sobre todo las que canalizan dinero europeo, los famosos Next Generation y estas cosas, lleva implícita la exigencia de tomar esta serie de medidas que tanto molestan a los marinenses en los últimos tiempos haciendo rehenes a alcaldes y alcaldesas de las ciudades, que aunque no quieran, si buscan ayuda económica para reformas urbanas han de abrazar las políticas verdes que hoy nos ocupan.
Sigo habitualmente, como he dicho antes, los intercambios de opiniones que se generan en los foros de Carriola. Llama la atención que hay cuatro o cinco personas, -siempre las mismas-, con la matraca de que María Ramallo quiere acabar con el pueblo y que Marín se muere por culpa de este gobierno local, en un debate de extremos, a izquierda y derecha, en el que también contestan los defensores y participan, como se puede observar, un número muy reducido de lectores; es cierto que el Gobierno Local está pasando un mal momento ahora mismo, igual que lo pasó Lores en Pontevedra, que en reforma urbana y estos menesteres nos lleva al menos veinte años de 'ventaja' e igual que lo pasaron otros que ya han 'remontado' y tienen a sus gentes pagando religiosamente y sin rechistar cada vez que necesitan acceder a aparcar en el centro de sus núcleos urbanos. El Concello ha percibido un claro malestar entre la ciudadanía, pero pienso que hace mal ofreciendo tantas modificaciones sobre la marcha en un intento desesperado de calmar a la gente, porque cada vez que lo hacen el debate se enrosca mucho más, a menudo por aquello de que a quien ha decidido antes del juicio no le interesa escuchar al juez, y mucho menos al abogado.
No es cierto que la eliminación de aparcamientos tenga que ver, como he leído yo en alguna publicación, con la necesidad de darle a un 'amigo' la construcción de un parking que no sería rentable si no se hubiesen eliminado plazas de estacionamiento. Sí lo es que desde el Concello, a mi juicio, no se ha hecho un buen trabajo de consolidación de aparcamientos disuasorios, porque es verdad que a determinadas horas no hay manera de encontrar un lugar para el coche y los marinenses vivimos, yo también, situaciones desesperantes con respecto a esto.
¿A nadie le llama la atención que desde la oposición, tanto PSOE como BNG han tenido una contestación muy tímida criticando la reforma urbana? ¿Nadie piensa que si la crítica constituyese un filón para ellos serían más activos en ella? Saben, yo creo, que ellos tendrían que tomar las mismas medidas en caso de estar en el lugar de la alcaldesa María Ramallo.
Mi conclusión y que nadie se enoje porque es opinión, es que el Gobierno Local se ve obligado, si quiere recibir fondos y reformar las calles, a aceptar las exigencias de las políticas asociadas a la Agenda 2030, esa gran falacia en la que incluyo los carriles bici, -patéticos en Marín por cierto-, badenes múltiples, aceras anchas, coches eléctricos y otras muchas cositas que abrazan las supuestas políticas verdes desde este lado europeo mientras en el otro, en el que pasan de la vieja Europa, se descojonan (con perdón) de nosotros contaminando de forma generosa, por ser delicado en la expresión.