Carriola.Redacción.15.08.24.
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La alameda Rosalía de Castro es el centro neurálgico del ocio marinense, por donde pasean muchas personas cada día y en donde, como este próximo fin de semana, se celebran los actos más multitudinarios de diversa índole.
Hace ya muchos años se apostó por cambiar el piso de la alameda, que entonces sí era una alameda, poniendo sobre la tierra de sus paseos baldosa primero, y piedra más tarde. No sé si antes o después de estos cambios, que ya tienen años de antigüedad, se plantaron al principio el principal paseo, justamente donde se entra desde las terrazas de los bares, dos árboles que, en este tiempo sueltan una resina que impregna el piso pétreo sobre el que caminar hasta da un poco de yu-yu porque se pegan los pies, pero además presenta un lamentable aspecto de suciedad. Cuando la alameda era de tierra (que ya llovió) absorbía estas resinas pero ahora, con los árboles ya muy adultos, la piedra lo que hace es repeler el líquido negro y gomoso con el resultado antes dicho.
Pues ante la situación que se crea y que cualquier puede ver y sentir acercándose estos días, algo habrá que pensar para eliminar este problema como pudiera ser cambiar estos dos árboles por otros más “limpios”. Al concello no le puede doler la mano en esto porque tampoco les dolió eliminar los preciosos árboles de la Avenida de Ourense que ofrecían sombra y colorido floral en verano cambiándolos por unos “churros” de perales que florecen 24 horas al año nada más y, ni dan sombra, ni siquiera son lo estéticos que eran los otros de los que se dijo que iban para otros puntos pero me temo que fueron para asar los churrascos de alguien.
Lo de los árboles resinosos de la alameda requiere una drástica decisión porque, para su desgracia y la nuestra, aquello en este tiempo y durante meses, es una verdadera pena. Solo hay que ir a verlo hoy mismo.