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Avatares históricos de la Aduana en Marín

 Apuntes del libro de Manuel Cendán Vilela “Marín en las Tarjetas Postales Antiguas”.

 Carriola.J.S.P..21.04.21

 La aduana de Marín es una institución muy relacionada con la actividad portuaria y cuenta esta villa con presencia de ese servicio desde muy antiguo. Manuel Cendán Vilela en su libro “Marín en las tarjeteas postales antiguas”, hace un capítulo dedicado a la historia de esta importante institución que aquí empezó siendo una función del administrador de Rentas Provinciales que, a principios del XIX se denominó “Administrador de la Aduana y Rentas Estancadas de Marín”. Este personaje, una vez elegido, debía responder a su cargo con ua importante fianza porque iba a manejar sumas de mucha consideración y sobre todo en la época en que el único alfolí de a sal estaba ubicado en Marín y abastecía a todas las fábricas de salazón de la zona.

Pero no siempre fue tranquila la historia de nuestra Aduana porque, en 1861, desde  el gobierno civil se le comunica al ayuntamiento que, durante la vacante del Administrador de la Aduana, debería ser el ayuntamiento bajo su responsabilidad quien nombre a la persona que se encargue de ella. Pero los munícipes de aquel momento contestaron que no tenían ninguna obligación para acatar la orden.

Claro que los vecinos del municipio, de Pontevedra y de otros lugares cercanos eran conscientes de la necesidad de este servicio porque a este puerto llegaban importaciones importantes  de las colonias y del extranjero, y los alcaldes de la zona decidieron secundar las peticiones y propusieron pagar entre todos la diferencia de lo que el personal de la aduana debería cobrar. Así, los ayuntamientos del partido judicial decidieron hacer un “escote” y a Marín le correspondía pagar mil escudos, propuesta que aprobó el Pleno del 12 de enero de 1868. Entonces surgió la noticia de que, en lugar de una aduana de primera clase, se crearía una de tercera y así los ayuntamientos no tendrían que pagar nada para sufragar el costo a más de los empleados por su categoría.

Pasaron veinte años y en 1888, la Dirección General de Aduanas comunica al ayuntamiento de Marín de que hay posibilidad de crear una Aduana de primera clase pero, habría que volver a aquel acuerdo de pagar entre todos la diferencia de costo. En abril del mismo año se acuerda en dos plenos llevar a cabo la instalación de la aduana de primera clase y el reparto debería ser: El 40 % lo pagaría Marín siempre y cuando el de Pontevedra pagase la misma cantidad y, el resto, el concello de Bueu.

La Delegación de Hacienda y la Dirección general de Aduanas anuncian entonces la creacion de la Aduana de primera clase pero advierten de que, si o se ingresa el dinero  el primer trimestre por anticipado, la decisión quedará sin efecto.

Y hete aquí que, según escribe Cendán Vilela, el ayuntamiento se entera de que los ingresos de la Aduana cubrían con creces los gastos que originaba su personal y decidió que, de burlas nada, suspendiendo la aportación de los que dio cuenta al Ministro de Hacienda. Y ahí dieron en hueso porque el 13 de enero de 1897 se publica una Real Orden  que dice: “Por haber dejado de pagar la diferencia de los gastos entre Aduana de segunda y Aduana de primera, según habían acordado los Ayuntamientos de Marín y Pontevedra por importe de 3.500 pesetas anuales, se pasa de nuevo a la categoría de segunda”. Ya de aquella éramos así.

 

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