Carriola. Redacción.24.11.24.
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El Museo Torres acoge estos días, y hasta el 30 de noviembre, una exposición del pintor local Gabriel Barros que vuelve a esta sala con sus obras en las que deja el sello de su arte personal e inconfundible inclinado al mar y a la piedra
Gabriel Barros es un pintor que no presume de nada aunque podría porque, a la vista está estos días en el Museo, sus obras son muy atractivas y personalizadas y le ocurre como a otros destacados del arrte que, viendo un cuadro sin su firma se sabe si es suyo por el estilo y, sobre todo el color.
La piedra y el mar, sobre todo el mar que se ve desde las ventanas de nuestro pueblo y los paisajes en los que el medio marino son lo principal, son sus verdaderas pasiones y en esta muestra, una vez más, así queda reflejado su estilo y sui arte.
Autodidacta
Barros es un pintor autodidacta que desde muy niño destacó en la escuela de aquellos años de su infancia, por su especial afición al dibujo. El espaldarazo, y de eso está muy orgulloso siempre, fue asistir ya adulto a la escuela de pintura del Ateneo Santa Cecilia que entonces dirigía don Manuel Torres con sus enseñanzas, exigencias y palabras de ánimo para él y para quienes compartían aula. Y con esos mimbres y, sobre todo con su gusto personal, Barros conforma una obra en la que refleja lo que hay y lo que hubo, recordando rincones y paisajes que ya hemos perdido con los cambios urbanísticos durante las últimas décadas
Cada obra es como un hijo
A muchos pintores les ocurre y no podía ser menos para Gabriel Barros : “Me preguntas cuál es el cuadro que más destacaría de esta exposición y, la verdad, no sabría decirte y tanto de esta como de las que ya llevo hecho, que son muchas. Cada cuadro es como un hijo y todo lo que aquí expongo cuenta con mi satisfacción personal. Si un cuadro me gusta, otro también o más. Por mi los guardaría todos en mi casa pero también me enorgullece el interés de la gente por mis obras”
La mejor hora para pintar
Que Barros es una persona metódica, está claro. Ya en su profesión era un ejemplo de orden y concierto para controlar los materiales que se utilizaban en sus trabajos y el de sus compañeros. Es fácil encontrarle en la calle a horas concretas cada día porque es como un reloj. Y cuando le pregunto a qué hora le gusta pintar me dice “Yo tengo por costumbre hacerlo por las tardes. En mi estudio tengo un gran ventanal y me gusta pintar cuando llueve y hace viento. Cada uno supongo que tiene sus preferencias y creo que a todos nos pasa así. Es algo que, seguramente, no tiene mucha explicación para los demás”.
El próximo día 1 de diciembre Barros descolgará los cuadros y, al llegar a su estudio echarà de menos aquellos que se llevaron los que visitaron la muestra y se enamoraron de su contenido. Es el lamento y, a la vez, la satisfacción de todo pintor.
Y vuelta a empezar para preparar la próxima exposición cuando considere que ya tiene nueva oferta tras muchas tarde de pinceles y colores.