Julio Santos Pena
Cumplir noventa años hoy en día no es nada raro. En los tiempos de mi niñez habría muy pocas personas que pudieran contarlo o, por lo menos, los pocos que llegaban ahí lo hacían mermados de fuerzas y sentido porque a noventa solo le faltan diez para cumplir el siglo y eso, aún hoy, son palabras mayores.
Manuel Nores González ha entrado en el “Club de los Noventa” haciendo gala de su espíritu emprendedor porque todavía es el alma de su empresa pesquera que llegó a ser acaso la más importante de España con capital propio porque Nores, para llegar conformar el emporio empresarial que le hizo famoso, nunca necesitó de créditos bancarios porque siempre fue creciendo gracias a su personal planteamiento de invertir lo ganado. Y así llegó a conformar una flota de supercongeladores por encima de la docena de barcos que emplearon a más de trescientas personas y pescaron en cuanto caladero mundial hubo y hay porque todavía sus unidades siguen en la brecha por los mares del mundo.
Nores empezó en esto de la pesca siendo un imberbe chaval y, tras “escapar” de quien quiso meterlo de aprendiz en la imprenta de la Escuela Naval, embarcó como “cho” en el “23 de Mayo”. De ahí al “Nuevo Agujas”, ya como marinero, a pesar de su juventud, y a continuación como patrón en el barco “Marina” que su padre compró en Muros por cien mil pesetas de entonces. Y su propio padre lo pone como Patrón de Pesca ganándose las criticas de muchos armadores que nunca pudieron pensar que un chaval estuviese preparado para semejante función. Y quienes tienen mi edad pueden recordar como ya entonces captaba la atención del mundo de la pesca porque, cuando los demás volvían por aviso de un temporal, él salía para regresar con buen rendimiento de marea. Y pronto se hizo armador, en sociedad con su padre, comprando un barco varado en una playa de Huelva, el “Regente”, con otras cien mil pesetas, que fue arreglado y preparado para salir a la mar para en la primera marea de cinco días , asombrar a propios y extraños que empezaron a comprender que aquel chaval tenía futuro.
El “Ramona Pan”, otro barco adquirido por 300.000 pesetas en sociedad con Aquino, tras romper la que tenía con su padre, fue su siguiente destino en el que continuó con sus éxitos pesqueros. De ahí el “Irisw”, su primera adquisición en solitario; el “Ángel Suances”, el “Manuel Pujales”, el “Pereira Molares”, su primer barco de hierro que, tras unos años de servicio dio paso al “José Antonio y Manuel” el primero de sus barcos donde ya los marineros trabajaban a cubierto y llegaban al Gran Sol y contaba con radar que era una novedad en Marín.
Renovarse o morir, fue siempre la máxima de Nores que inició antes de sus cuarenta años de edad con los supercongeladores “Villa de Marín”, “Manuel Nores” “María Teresa”, “Anguiacho”, “Casiano Villar”… y un largo etcétera que le puso en la cumbre de la pesquería española llamando la atención de armadores y autoridades de todo el país.
Bien es verdad que Nores fue un arriesgado siempre. También lo es que a su lado estuvo Teresa, su esposa, que hizo un poco de contrapeso a la hora de poner cordura en la dinámica locura empresarial de su marido. Entre ambos y ahora con sus hijos y nietos, han conseguido formar un imperio que hoy, a sus noventa años, todavía sigue supervisando cada madrugada porque alguna vez tiene dicho aquello de que “Xa descansarei cando me leven no caixón”, aunque tiene ya buenos referentes en las dos siguientes generaciones que garantizan su continuidad.
Felicidades Manuel Nores, y como suele decirse, que cumplas muchos más