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Se veía venir, el mar se queda sin marineros

 Carriola.J.S.P..28.05.21

En días pasados hemos venido asistiendo a alarmantes informaciones y declaraciones sobre la carencia de personal preparado para trabajar a bordo de los barcos de pesca. Es la crónica de una muerte anunciada porque ya se lleva años diciendo que, desaparecidas las “Escuelas Medias de Pesca” y otras entidades similares o superiores de otras épocas, y cambiados los planes de formación, se ha ido perdiendo matrícula en todas partes y, entre que la juventud no quiere saber nada del trabajo en el mar, salvo quien tenga la vocación a prueba de bomba para ello, y que no hay facilidad para estudiar lo que haya que estudiar para conseguir los nombramientos adecuados, el sector se está viendo, y se verá todavía más, en un brete porque de seguir así las cosas, no habrá de verdad, manera de formar una tripulación necesaria y capaz de navegar por los mares del mundo.

Es la consecuencia de acordarse de Santa Bárbara cuando truena y ahora que hay barcos que no se pueden hacer a la mar por esa carencia de personal titulado, se pone el grito de auxilio en el cielo, algo que habría que haberlo hecho mucho antes de que se rompiera el hilo conductor de la vocación entre generaciones como pasó toda la vida de Dios en los puertos.

Creo, sinceramente, que los armadores de los barcos, no de Marín, sino de toda Galicia, debieran exigir a la Xunta o a quien tenga las responsabilidades en ésto, que con este laberinto de competencias ya no sabe uno a quien reclamar, que hagan mucho más por ofrecer la preparación; que se inventen cursos, módulos o como se llamen ahora y, sobre todo que se aprovechen las instalaciones apropiadas para ello. “Chan do Monte”, creo recordar que tenía en su currículo esta actividad, e instalaciones como “A Aixola” fueron creadas para, precisamente, preparar al personal de la pesca y de los oficios relacionados con el mar pero no cumplen con esa misión al menos en lo que es la preparación de los necesarios patrones. Y hay que reconocer que, cuando desde la Xunta o desde donde sea, no se ha hecho prácticamente nada por animar a los jóvenes a serlo, o incluso marineros, tampoco se levantó mucho la voz para exigirlo y, a pesar de que se veía venir este desastre para el sector, los barcos se van quedando sin personal y mucho me temo que en los próximos cuatro o cinco años, cuando los “viejos lobos de mar” que siguen a bordo más tiempo del que les da derecho a la jubilación acaso por no dejar parados los barcos, la cosa será mucho peor.

Hay que salir a la calle para mostrar a los jóvenes que se puede trabajar en el mar. Habrá que convencerlos de que los tiempos de ahora, aunque   el oficio sigue siendo duro, nada tiene que ver con los de hace veinte o treinta años y que el sueldo que pueden ganar es acorde con la pelea diaria contras las olas y con la ausencia prolongada lejos de las familias y de su medio humano. No será tarea fácil, seguramente, pero si no se busca esa conciencia en la juventud, acabarán los barcos en el desgüace sin remedio y es una pena porque Marín, dice nuestro escudo, tiene la fortuna en el mar. O tenía.