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Un adoquinado absurdo en el Busto impide la normal pisada sobre todo de personas mayores

"Llevar por allí a mi esposa en silla de ruedas es un verdadero suplicio para ella", asegura un vecino del entorno

Carriola.Redacción.04.06.21

Hace años, cuando se mejoró sensiblemente el pavimento del Busto en sus zonas de “arriba” y “abajo” que se encontraban en muy deficiente estado, se decidió poner un extraño adoquinado tanto en la confluencia de calles Doctor Touriño y Busto, como abajo, entre Busto y Souto. Ya entonces hubo quien expresó su negativo parecer por considerar inadecuado aquella rugosidad excesiva en la calle pero nadie quiso prestar la menor atención a aquellas opiniones de los vecinos que son los que sufren semejante idea.

Y con el paso de los años se agrava la situación como es el caso de la de un matrimonio de vecinos que viven en el “Busto de Abaixo” quienes para acceder al centro urbano, a la plaza de abastos, a cualquier supermercado o, simplemente a pasar un rato a la alameda Rosalía de Castro, tienen que pasar por encima del macroadoquinado teniendo en cuenta que la señora va en silla de ruedas y él, a su edad, ya tiene bastante dificultad al empujarla.

Es rigurosamente cierto y fácilmente comprobable el traqueteo al que el adoquinado obliga a la silla y la incomodidad que supone atravesar cualquiera de las dos plazas para estas personas que se ven en la obligación de, para evitarlo,  hacer un rodeo subiendo por delante del Centro de Salud, por la calle Mestre Landín, que es cuesta arriba, y seguir por Jaime Janer hasta la alameda, por ejemplo, con el agravante de que hay que volver y recorrer el mismo camino, a la inversa.

Es evidente que a la gran mayoría de los vecinos de Marín esa dificultad no les afecta para nada y ni siquiera conocen la circunstancia pero, para los pocos que viven en la zona, es una realidad el problema, un problema que se arregla con cuatro cubos de cemento y un poco de buena voluntad de los que mandan que tienen que ser sensibles a las necesidades de la gente.

Pues queda refleja en Carriola de Marín esta queja con la esperanza de que alguien se compadezca de quien sufre una idea que “otro alguien” tuvo alguna vez y que se ha demostrado que ni es práctica ni es bonita, sólo un motivo para cabrear a la gente del entorno.