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Los sábados, PENSANDO EN ALTO: Sobre las bajas médicas

Carriola. 20.06.26.

julio@carriola.es.

JUSTOS, PECADORES Y LA FACTURA DE TODOS

 

José Iglesias

Estos días saltó a los medios una polémica por unas declaraciones de un representante de la patronal llamando “memos” a las nuevas generaciones de trabajadores españoles.

Vamos a ver.

Bien no está.

Uno puede pensar muchas cosas en una conversación de café, en confianza, incluso compartir parte del fondo de una reflexión, pero cuando tienes una responsabilidad pública las formas también importan. Y mucho.

Porque las palabras mal escogidas muchas veces tapan debates que sí deberíamos tener.

Ahora bien, intentemos ponernos en todos los lados.

Pongámonos primero en la piel de un pequeño empresario.

Ese que no tiene un despacho en la planta treinta de un edificio acristalado, sino una pequeña empresa, un taller, un comercio, un negocio familiar.

Ese que pelea cada mes con gastos, impuestos, facturas, proveedores y unos márgenes cada vez más ajustados.

Cuando una parte de su plantilla falta durante mucho tiempo, el problema no es una estadística. Es una realidad que puede poner en riesgo su negocio.

Y con él, curiosamente, también los puestos de trabajo.

Pero pongámonos ahora en el otro lado.

En el del trabajador.

Pero hablo del trabajador de verdad.

Del responsable.

Del que entiende que una empresa no es un enemigo, sino el lugar donde desarrolla su trabajo y del que depende también su futuro.

Ese trabajador que cuando está enfermo, por supuesto, debe tener toda la protección de un sistema como el nuestro.

Porque para eso está.

Tengo un caso muy cercano de una persona que, con enfermedades —sí, en plural—, no cogió una baja laboral hasta que el cuerpo dijo basta.

Hasta que ya no pudo más.

Y después, ese mismo sistema tardó cuatro años en reconocer una incapacidad.

Cuatro años.

Así que no, el problema no son los enfermos.

Nunca lo han sido.

El problema es que, como tantas veces en esta vida, pagan justos por pecadores.

Porque cuando alguien abusa de un derecho, no está engañando a un empresario, ni a un organismo abstracto llamado Estado.

Nos está engañando a todos.

Y lo peor: está poniendo bajo sospecha a quien realmente necesita ayuda.

A quien sufre.

A quien no puede trabajar aunque quiera.

España dedica cada año decenas de miles de millones de euros a las bajas laborales. Dentro de esa cifra hay de todo: cánceres, operaciones, accidentes, problemas físicos, enfermedades mentales, esperas médicas interminables por un sistema saturado...

Pero también hay abuso.

Digámoslo claro.

También hay quien conoce perfectamente los huecos del sistema y los utiliza.

Y ahí es donde deberíamos actuar.

Porque cada euro que se pierde donde no debe es un euro que falta donde sí hace falta.

En una prueba médica.

En una carretera.

En un colegio.

En atender antes precisamente a quien está enfermo de verdad.

No se trata de eliminar derechos.

Cuidado con eso.

Una sociedad decente se mide también por cómo protege a quien cae.

Pero proteger un sistema significa también evitar que algunos lo utilicen indebidamente.

Porque el dinero público tiene un pequeño detalle que a veces olvidamos:

no cae del cielo.

Sale de millones de personas que se levantan cada mañana, trabajan, pagan sus impuestos y esperan que se administren con responsabilidad.

Hoy no entro en subsidios, ayudas ni otros debates.

Eso dará para otro día.

Hablo solamente de algo tan sencillo y tan complicado como esto:

cuidemos lo que es de todos.

Porque si abusamos de un sistema pensado para protegernos, llegará un día en que quizá no esté como debería cuando realmente lo necesitemos.

Y a los que ya peináis alguna cana —o como es mi caso, no las peinamos simplemente por falta de materia prima— seguro que este rumbo también os hace pensar.

Buena semana.

roslev