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Los domingos, RINCÓN DE LA PEDAGOGÍA(*): Divorcio e hijos

Carriola.02.08.26

julio@carriola.es

(*) Colaboración dominical  de la Asociación de Pedagogía de Galicia “APEGA” con Carriola de Marín coordinada por  su vicepresidente José Carlos Otero López

CÓMO AFRONTAR UNA SEPARACIÓN CON HIJOS

 

Dolores Armas

Lic. en Pisopedagogía

El divorcio o separación de parejas con hijos es un hecho común en nuestra sociedad. Se trata de deshacer y dejar atrás una relación que ha durado el tiempo suficiente como para engendrar a un hijo y supone recolocar de nuevo la vida. Sin duda, como en cualquier cambio importante en la trayectoria vital, habrá que pasar por una etapa de duelo más o menos intenso emocionalmente, dependiendo del vínculo afectivo que teníamos establecido con la pareja y de los cambios que eso suponga. Esos acontecimientos y experiencias sufridas por los adultos, fruto de ese cambio, también producirán sus efectos en los hijos. El grado (de moderados a graves) y las particularidades (de transitorios a permanentes) dependerá de la edad de los hijos y sus características personales; de los grupos de personas que rodeen a la familia rota; así como de las maneras, las causas y las consecuencias de ese proceso. Los hijos, evidentemente, están profundamente implicados en estos procesos y no tienen, normalmente, capacidad para tomar decisiones sobre este tema. Sin otra cosa deben “digerir” las repercusiones de la situación y necesitan de la ayuda de los padres y familiares, y de otros adultos de sus círculos próximos, como son los profesores y tutores en las escuelas, para su normalización.

¿ Cómo pueden reaccionar los hijos?

Ante la fragmentación de la familia no hay un patrón fijo de conducta. Por el momento de su desarrollo evolutivo podemos suponer con que habilidades de afrontamiento pueden contar y con cuales no, pero esto no siempre es certero.  Normalmente todos manifiestan un cierto desconcierto ante el cambio de situación, y lo pueden exteriorizar de maneras diferentes (rabia, llanto, rebeldía, silencio, conductas de sobreprotección hacia los padres, fracaso escolar, problemas con las relaciones sociales, irritabilidad, pesadillas nocturnas, incontinencia nocturna, problemas de atención, conductas regresivas, trastornos de la alimentación, problemas psicosomáticos,…). Poco a poco irán adaptándose a la nueva situación y se irán estabilizando.

¿Qué pueden hacer los padres?

En primer lugar, algo que todos sabemos y que no siempre es fácil de llevar adelante debido al desbarajuste emocional que produce esta ruptura, y  que beneficia mucho a los hijos, tengan la edad que tengan, es mantenerlos apartados de todas las hostilidades y discusiones que genera en la pareja este conflicto. Evitaremos, además, cualquier comentario  acerca de los aspectos legales, ya que esto es algo que debe resolver la pareja. En caso de no ser capaces, han de recurrir a otros adultos que les ayuden, incluso a la justicia, que velará por los intereses de los menores. Los padres, cuando buscan el apoyo o la opinión de los hijos, despiertan sus inseguridades. Son los pequeños, tengan la edad que tengan, los que necesitan preguntar a los padres y pedir su ayuda, para asegurar su lugar en la familia, su cariño y su protección.

En el momento de comunicarles a los chicos la decisión de los padres conviene que estén todos juntos, que se evite explicar las razones en caso de no ser una separación de mutuo acuerdo, ya que esto es probable que altere a los padres. Se insistirá en que esa nueva situación no tiene nada que ver con ellos, que las razones de la ruptura sólo están relacionadas con la pareja, que padres e hijos nunca “se divorcian” ni dejan de quererse aunque no vivan bajo el mismo techo.

A veces el divorcio produce tanto dolor que continuar con el orden y las rutinas diarias se hace muy difícil. Los adultos con ese desequilibrio emocional carecen de fuerza para ocuparse, como lo hacían antes, de la vida diaria y los hábitos de sus hijos. En ocasiones se cargo a los hijos con algunas tareas que antes no realizaban ( cuidar de su hermano, prepararse la comida, coger el teléfono, quedarse sólo en casa,…) y esto aumenta en ellos el malestar y la inestabilidad.

Y por último señalar, que si bien nuestro código cívil ya lo indica “ el convenio regulador propuesto sea ajustado a derecho; es decir, no sea dañoso para los hijos o gravemente perjudicial para uno de los cónyuges”, como prioridad se buscará el bienestar de los hijos en todos los aspectos de su desarrollo, optando siempre hacia la situación que sea menos mala para ellos y altere menos su equilibrio, para evitar que se desencadenen ciertos síntomas que afecten a su desarrollo personal, social y/o escolar, aunque esta perjudique a los padres.

 

roslev