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La cocina fácil de Alfonso Díaz

Mariscada para andar por casa

El puesto de Begoña

Desde París a Tokio, Ámsterdam, Sidney o Sao Paulo… menos Londres, que estaba cerrado, lo primero que hago cuando llego a una ciudad es visitar su mercado. Igual que los zapatos definen al hombre y a la mujer, un mercado define a su pueblo y su poder adquisitivo. Aconsejo que probéis a intentar correlacionar los puestos del mercado de otros lugares que conozcáis con Marín y a ver a qué conclusiones llegáis.

Hoy, me acerco hasta el puesto de Begoña, en el mercado de abastos de Marín, donde el pescado es bueno, rico y caro, en su justo precio. No es de extrañar que, gente de Pontevedra, tenga por costumbre desplazarse hasta el mercado de Marín por la magnífica relación calidad-precio.

Después de una mañana tan bonita como la de este sábado pasado, compré un kilo de cigalas algo más grandes que la minifalda, tipo boda, a 25 euros. Las cocí con agua al punto de mar y las perfumé con laurel. Uno dos minutos a partir de que echa a hervir el agua, abriendo una para verificar el punto correcto.

Compré, también, 1 kilo de mejillones de la Ría de Aldán, (a dos euros) que Begoña me aseguró que estaban llenos. Porque, ya se sabe, que el mejillón es como el melón, hasta que no lo abres, no sabes cómo va a salir. Los abrí en un buen fondo de aceite de oliva virgen extra (AOVE) “Aires de Jaén”, tres dientes de ajo y media cucharada de harina. Lo removí todo y añadí los mejillones y buen chorro de vino blanco. Lo tapé y, en el tiempo que tarda en abrirse, se ligó la salsa.

Para rematar esta mariscada para andar por casa, compré 1 kilo de berberechos XXL, a 14 euros, y los abrí, simplemente, al vapor.

Cuando hablamos de minimalismo, esta mariscada de Begoña es todo un triunfo entre los cuatro que estábamos en la mesa.

Ellas disfrutaron, y él… también. Chupando las cigalas y los mejillones y mojando pan, pan, en esa salsa de los mejillones fritos.

Dificultad de esta receta: simple como el mecanismo de un peine.

El precio, os dejo a vosotros que dividáis entre los cuatro comensales.

Y, tiempo de elaboración, más rápido que un beso robado.

Lo mejor que tiene Begoña es que, avisándola con tiempo, te consigue cualquier capricho para tu cocina.

roslev