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RECORDANDO A Francisco Villaverde Noya ,CHUCO

Carriola.J.S.P..16.11.22

Vamos a echar mano, una vez más, del libro de Laureano Mayán “Marinenses de Ayer y de Hoy” en el que el extinto cronista dejó, como en otros volúmenes reflejada la personalidad de muchos marinenses destacando sus cualidades o contando sus historias . Hoy sonsacamos del texto a “Chuco”, Francisco Villaverde Noya, que en el año 2011 cuando se editó este volumen, todavía vivía en su Banda do Río.

“Chuco” era todo un personaje en Marín distinguiéndose por su elegancia, su seriedad en el trabajo y su responsabilidad en todo lo que hacía, tanto a nivel profesional como cultural y social. Nació antes de la guerra, concretamente el 7 de diciembre de 1930, y asegura Mayán en su libro que esa circunstancia y sus consecuencias hicieron que tuviese, como la mayoría de las gentes de la época, una infancia muy difícil. Él mismo relató al autor del libro el impactante recuerdo de aquel día en que, cruzando el emblemático “Puente de Hierro” ya desaparecido, escucharon los disparos de las armas de fuego que provenían de la zona de la Casa Consistorial y de cómo un camionero que por allí pasaba les avisó para que volviesen a casa. Ese recuerdo junto con la amargura de no haber conocido a su padre, fallecido tres meses antes de su nacimiento,  y la triste fecha de la muerte de su madre, a la que cuidó con esmero hasta su último aliento, marcaron la existencia de Chuco de forma especial.

La Banda del Río su lugar de origen

La vida de Chuco se inicia en la Banda do Río, cuando había Río e incluso cuando a la zona de su casa llegaba la subida del mar cada seis horas, concretamente en el Callejón Anselmo y el Muelle de Anselmo, denominaciones en las que figura el nombre de su abuelo habiéndose cambiado posteriormente el nombre de la estrecha calle hoy, con escaleras, por “Callejón Guillerma” que así se llamaba su madre.

En su dura infancia, Chuco tuvo la suerte de topar con el maestro Félix Davila Piñeiro, el emblemático “Don Félix” y también de Enrique Viqueira quienes se encargaron de ayudarle infinito en su formación hasdta el punto en que les consideraba “sus padres” . Con el apoyo de ambos consigue un puesto de trabajo no remunerado en la Escuela Naval Militar, recién llegada a Marín y,  con 17 años de edad, entra como “meritorio”  o aprendiz en el departamento de la Ayudantía Mayor. Con un año más se ganó el puesto de “Escribiente”, que se denominaba entonces “Criado particular” y empezó a tener un sueldo pequeño pero que aliviaba mucho la circunstancia económica familiar. Y le llegó la “mili” que hizo en la propia Escuela Naval y al terminarla se reincorporó a su puesto, ya que los mandos de la Escuela se percataron del diamante en bruto que era aquel joven siempre dispuesto y efectivo que enseguida se hizo funcionario pasando por la Maestranza y acabando como Funcionario Civil hasta su jubilación en el año 1991.

No hubo mando de la Escuela Naval que  no haya destacado la labor encomiable de Francisco Villaverde en su trabajo riguroso y cumplidor  con gran sentido de la responsabilidad y así le fue concedida la Cruz al Mérito Naval de Tercera Clase con distintivo blanco” en el año 1987

Proyección social y cultural de Chuco

Pero, al margen de su vida profesional en la Escuela naval Militar, Chuco era un personaje de gran proyección social, cultural y deportiva porque sus inquietudes colaborativas le llevaron a participar en las heroicas comisiones de fiestas  que se la jugaban siempre porque eran los responsables de los gastos; fue Secretario de la Asociación de Cultura y Arte Santa Cecilia , hoy Ateneo”, en varias ocasiones ; también del Liceo Recreativo o de Artesanos y del Marín C.F. de los años “gloriosos” desempeñando siempre su labor con seriedad y eficacia. Era también un gran aficionado a la música, especialmente al canto coral y así, fue uno de los fundadores de la actual Polifónica Lembranzas y componente eterno del Coro Parroquial.

Viajero empedernido

Tenía una pasión principal que era la de conocer mundo y, según relató a Laureano Mayán personalmente, aprovechó todas las ocasiones que tuvo para viajar y así conoció Siria, Egipto, Israel, Turquía, Grecia, Italia, Sicilia, Argentina y Polonia y guardaba especiales recuerdos de los viajes a Egipto y sobre todo a Argentina en los hermanamientos con Córdoba y Dean Funes donde vivió como todo el grupo de marinenses que le acompañaba, la emoción del reencuentro con los emigrantes marinenses allí establecidos.

Pues quede este recuperado recuerdo de Francisco Villaverde Noya “Chuco” que fue un marinense cabal que dejó huella entre las gentes de este pueblo y el reconocimiento a Lano Mayán por su enorme trabajo de recopilación de las historias amables de tantos marinenses que reflejó en sus libros.