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En recuerdo de Nieves, La Peluquera, fallecida esta semana a los 104 años

Carriola.Julio Santos Pena.20.08.23

julio@carriola.es

Nieves Martínez, “La Peluquera”, es uno de los personajes de mi infancia en mi pueblo de Marín. Mi casa, en Secundino Lorenzo, era como la suya, en la Banda do Río, y viceversa porque Nieves era una amiga, muy amiga, de mi madre, Virita, la modista, y la frecuencia de sus visitas al taller de costura en plan charlar con ella, era similar a la de mi madre a su peluquería a la que, atravesado el puente del río Lameiriña, había que acceder por una escalera en vertical tan estrecha que casi te dabas con los hombros en sus paredes. Genaro, su esposo y mi padre también profesaban una fuerte amistad originada, precisamente, en la de ellas que, estoy seguro, viendo desde aquí hacia atrás, de eran ellas  las que compartían sus mutuos secretos, ilusiones y decepciones en sus muchas jornadas de confidencia.

Treinta y siete años se fue por delante mi madre al otro mundo, con setenta de edad, y Nieves, la peluquera, lo hizo esta semana, con nada menos que 104 años, arrastrando su historia personal de la que ahora se habla libremente pero, cuando yo era un chaval, se evitaba cualquier comentario por aquello de que “as paredes oen”, que decían los más viejos, como mi abuela, tratando de protegernos de cualquier reacción de quienes más que mandar, aplastaban en este país con la bota de la injusticia sobre la cabeza de los no alineados por voluntad o por la fuerza de su “triunfo” ignominioso en la contienda de la que todavía se escuchaban los ecos de fusilamientos y llantos de viudas y huérfanos sin esperanza.

Nieves con 104 años votando en el 23J

Yo conocí a Nieves ya mayor, casada y con cuatro hijos, tres de ellos mujeres, antes de ser acaso una de las peluqueras más importantes de Marín que compartía fama profesional con Argentina, la de la Plaza del Reloj, que era también otro referente de la profesión. Y en esa época previa al inicio de su tardía pero certera profesión, era más intensa su cercanía a nuestra casa por la pura lógica del tiempo libre, compartiendo con Virita, entre hilos, telas y máquinas de coser, los ratos de sus confidencias. Nunca hubiera podido imaginar que, tras aquella jovial Nieves, se escondía un percance de vida personal dan desagradable como el que tuvo que sufrir bajo la presión política de los “ganadores” encabezada en un negro historial por el maldito “Alemán” que llegó aquí como un perro de presa para destrozar familias y llevarse por delante  la triste felicidad que de aquella vivían muchas de ellas aún en la pobreza, eliminando por puro fuisilamiento y sin la menor decencia, recato, ni compasión, la vida de hombres y también mujeres de este pueblo simplemente por motivos políticamente espurios. Ese siniestro personaje, el “Alemán”, tiene historias para no dormir en este pueblo al que nunca debió haber venido para ponerse al frente de las hordas liquidadoras del franquismo más recalcitrante y, si de verdad hay justicia divina, a semejante elemento y a quienes le acompañaron en tan nefasta labor, solo la misericordia el Creador le podría salvar del tridente de Satanás, si es que Satanás existe.

Por aquella prudencia de “cala rapás que as paredes oen”, nunca había escuchado en mi niñez que el Alemán intentó por dos veces liquidar al padre de Nieves, por el pecado de haber sido concejal de Marín en la Segunda República y que, no habiendo podido localizarlo en ninguna de ellas, se cebó en sus hijas, una de ellas Nieves con menos de 17 años, a las que ordenó cortarles el pelo entre risas y burlas al estilo de la cobardía de personajes como él y como los que le acompañaban en aquella tarea que se repitió por todo el municipio con personas indefensas con las mismas culpas.

Seguramente, ni Nieves ni su hermana entenderían muy bien los motivos del abuso del que estaban siendo objeto porque no dejaban de ser prácticamente unas niñas aunque también es probable que les hubiera quedado grabada para siempre la cara del valiente Alemán que así se las gastaba con personas indefensas como aquellas jóvenes. La propia Nieves aseguraba en su inocencia, según nos cuenta ahora su hija Enma, que hasta se encontró favorecida con el salvaje rapado de su cabeza lo que da idea de la incomprensión del verdadero significado de aquella afrenta de los falangistas “vencedores” por lo que tomó aquel episodio como una anécdota de su vida mientras que su hermana, mayor y más consciente de la situación, lloró durante días semejante acción de la que había sido injusta víctima

No así su familia, que entendía perfectamente lo ocurrido y, procurando salvar a las chicas de las reacciones que pudieran surgir a consecuencia del señalamiento, decidieron mandarlas lejos, a casa de familiares en otro pueblo del que no regresaron hasta que les creció el pelo de nuevo.

Nieves y Genaro Otero el día de su boda

Y Nieves casó con Genaro Otero cuando tenía 20 años y aquel episodio que pudo hacer trizas su vida, fue superado especialmente por su carácter jovial y alegre. Con cuatro hijos, uno de ellos varón, la vida en los años cuarenta no era fácil y Nieves cumplió una de sus mayores ilusiones como fue la de hacerse peluquera. Aprendió en Pontevedra a donde había que desplazarse diariamente en el tranvía o en el trole, hasta que consiguió los conocimientos y la práctica suficiente para montar su propia peluquería en la Bando do Río. Horas tengo pasado allí, sentado en una silla esperando que aquella ruidosa secadora que le encasquetaba a la cabeza de mi madre, hiciera su interminable trabajo, una secadora que, como otros artilugios de aquella peluquería, eran toda la modernidad del mundo para aquel tiempo.

Tardé mucho en conocer e episodio vivido por Nieves en aquella jornada del 36. En mi familia procuraban tenernos al margen de “las cosas” que habían pasado pocos años antes para evitarnos angustias y, seguramente, por lo de “as paredes oen” y, ya con la conciencia del caso, siempre admiré el espíritu alegre de Nieves y agradecí la amistad que mantuvo con mi Virita hasta su desaparición en 1986.Y esta semana en que la Naturaleza aprovechó un resquicio de su salud para llevársela al siguiente nivel de nuestra existencia, he revivido su historia y deseado fervientemente, que no se repita nunca más. Acaso la coincidencia en la misma semana de su óbito con el aniversario del fusilamiento de La Capirota, que tuvo meno suerte que ella y que su hermana, guarda un mayor significado de concienciación para todos.

Foto reciente de Nieves Martínez

Descanse en paz Nieves, “La Peluquera”, seguramente cerca de Virita, su amiga, allí donde estén y acaso entre telas, agujas máquinas de coser, secadoras de pelo, peines y cepillos virtuales con los que ambas disfrutarán en la eternidad mientras intercambian confidencias.

 

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