ABORDAJE DE LA TENDINOPATÍA AQUÍLEA
Antes de profundizar en la tendinopatía del tendón de Aquiles y de cómo abordarla desde el movimiento, vamos a explicar, de manera muy sencilla, la estructura del pie y tobillo, y la importancia de este tendón.
El pie es la base de sustentación de nuestro cuerpo, y cualquier anomalía en su estructura repercutirá de manera ascendente en él. Nuestro pie es el encargado de transmitir todas esas fuerzas reactivas del suelo que contrarrestan las fuerzas que provocan nuestro propio movimiento. Nuestro pie es un elemento clave para un movimiento armónico, puesto que combina resistencia y flexibilidad de manera equilibrada.
El pie está formado por 28 huesos, 55 articulaciones, 49 inserciones musculares e infinidad de terminaciones nerviosas. Toda esta estructura perfectamente ensamblada se encuentra conectada a nuestro tobillo. Esta articulación, que es el perfecto aliado para la transmisión de esas fuerzas y el mantenimiento de ese equilibro, está formada por 3 huesos: tibia, astrágalo y peroné.
Antes de hablar del tendón de Aquiles debemos hablar de una musculatura extrínseca del pie, muy vinculada a esta estructura, como es el tríceps sural.
Este conjunto de músculos es el más fuerte de la pantorrilla y lo forman tres vientres musculares: uno profundo en el que se encuentra el sóleo (1) y dos vientres más superficiales, con los gemelos (2). Las tres porciones comparten una terminación común: el tendón de Aquiles (3), que va a insertarse en la cara posterior del hueso calcáneo (4).
Sóleo
Gemelos

Tendón de Aquiles

Calcáneo
El tendón de Aquiles, como el resto de tendones, transmite la tracción muscular al hueso, y está formado por tejido conectivo, con una vascularización muy pobre. La inervación es sensitiva y abundante ya que es indispensable en la regularización de la contracción muscular.
La tendinopatía aquílea puede producirse en el cuerpo central del propio tendón, en su interfase musculo-tendón o en su inserción en el hueso calcáneo.
Las causas de esta lesión, de manera general, suele ser de origen microtraumático, es decir, por fricciones repetidas, sobreuso, por solicitaciones grandes y bruscas sobre la inserción, degenerativas, etc.
El origen de estas causas puede estar en una pronación del pie excesiva, demasiada tensión muscular en el tríceps sural, falta de apoyo en el talón en los saltos o durante la marcha, un calzado poco ajustado o no conveniente, entre otros.
El dolor que se siente en la tendinopatía (de manera general) se percibe como una rigidez y dolor a primera hora de la mañana, dolor en los primeros pasos, pérdida de la dorsiflexión, rigidez en los gemelos. Es importante tener en cuenta que, por su naturaleza fibrosa y poco vascularizada, el tendón cura lentamente.
En cualquier ejercicio de readaptación que realicemos, debemos insistir en el correcto apoyo y alineamiento de los pies. En las sesiones, debemos darle protagonismo a los pies y, con constancia, paciencia y persistencia, lograr reestablecer el equilibrio en todo el complejo pie-tobillo y lograr un equilibrio corporal.
Es importante empezar de menos a más. Me refiero a que debe primar la calidad del movimiento y no la cantidad, empezando con un suave fortalecimiento en cadena abierta para ir, poco a poco, incorporando en la rutina ejercicios de cadena cerrada concéntricos y excéntricos.
Debemos también centrarnos en la recuperación del rango de movilidad de la articulación T-P-A (tibio-peronea-astragalina) a la flexión dorsal, debido a que una flexión dorsal reducida, aparte de poder ser la causante de una tendinitis aquílea, puede producir la alteración de la marcha, condicionar el equilibrio en personas mayores, causar lesiones en el miembro inferior (rodilla, cadera…), o aumentar las posibilidades de padecer esguinces de tobillo.
Más allá de recuperar el rango de movilidad, no debemos olvidar el fortalecimiento progresivo y controlado de la musculatura, tanto intrínseca de pie como la extrínseca, con movimientos en cadena abierta y cerrada.
Recuerda que en todos los ejercicios que realicemos es muy importante mantener el control y ser consciente de nuestro cuerpo y éste comienza en nuestros pies. El que seamos precisos y exactos hará que los resultados sean los buscados.
Raquel Carragal, Alaia